viernes, 31 de julio de 2020

ÁLVARO VALVERDE, UN POETA UNIVERSAL EN EL MICROCOSMOS PLACENTINO



Álvaro Valverde.
Foto de Pedro Gato,
en la web de AEEX
Nadie quizá como José Luis García Martín en su blog “Café Arcadia”, a propósito de la recensión a su libro de diarios, “Porque olvido. Diario 2005-2009”, publicada en El Comercio de Gijón y El Diario Montañés [1], define tan nítidamente la peripecia profesional y como poeta de Álvaro Valverde (Plasencia, 1959), al decir que su ciudad es una constante en su obra, pero no es un escritor local porque “ha sabido encontrar un sitio en el panorama nacional, ganar los más importantes premios, hacer oír su voz de lector atento en algunos de los más significativos suplementos culturales... En su microcosmos placentino -añade- cabe el mundo y el protagonista está lejos de ser un personaje plano, como pudiera parecer al principio”, además de calificarle como “el más educado, correcto, profesional, de los poetas españoles contemporáneos”. Subraya el capítulo de las necrológicas, “cuando despide de emocionada manera a escritores amigos, a familiares y conocidos y a la vida familiar, sin incurrir en incómodas intimidades, aunque con alguna concesión al sentimentalismo”. Así, destacamos los más recientes de su blog: “A la tía Isabel” (20/06/20), la hermana pequeña de su suegro, o el dedicado a su prima, “Mi prima Ana” (31/05/20), Ana Carolina Valverde García, “cuyos recuerdos, que me unen a ella, seguirán mientras la cabeza aguante”, que tanto nos emocionare por la bondad manifiesta de su padre, Paco Valverde, y los caminos que ella le abrió, y porque se fue en un “abrir y cerrar de ojos”. [2]

                Maestro de profesión y poeta de vocación, es autor de una extensa obra literaria en poesía, prosa, novela y plaquettes (publicación de pequeño tamaño que se usa para difundir obras literarias de corta extensión, como poemas o cuentos, pequeños folletos en francés). En su blog personal, el autor destaca sus obras “Las aguas detenidas” (1988), “Una oculta razón” (IV Premio Loewe, 1991), “A debida distancia” (I Premio de Poesía Ciudad de Córdoba, 1993), “Ensayando círculos (1995), “Mecánica terrestre” (2002), “Desde fuera” (2008), “Más allá, Tánger” (2014), “El cuarto del siroco”II Premio Nacional de Poesía Meléndez Valdés (2018) y “Plasencias” (2013). Es autor de dos novelas: “Las murallas del mundo (2000), finalista del 49 Premio de Novela Café Gijón, del Tigre Juan y Premio Extremadura a la Creación, y “Alguien que no existe”; un libro de artículos, “El lector invisible”; uno de viajes: “Alguien que no existe” (2005) y otro de diarios: “Porque olvido. Diario 2005-2009” (Editora Regional de Extremadura, 2019). La editorial La Isla de Siltolá publicó la antología “Un centro fugitivo. Antología poética (1985-2012)” y la Editora Regional de Extremadura, “Álvaro Valverde. Poemas (1985-2015)” (2017). [3]

                Además de su trayectoria como escritor, Álvaro Valverde puso en marcha el Plan Regional de Fomento de la Lectura (2002-2005) y dirigió la Editora Regional de Extremadura (2005-2008). Asimismo, fue presidente de la Asociación de Escritores Extremeños (1999-2003) y fundador, junto a Gonzalo Hidalgo Bayal, del Aula de Literatura “José Antonio Gabriel y Galán” de Plasencia. Ha sido colaborador habitual de los diarios Abc y Hoy, que en el año 2000 le concedió el premio “Extremeño de Hoy”. El semanario cacereño Avuelapluma le otorgó en 2015 su premio de las Letras. Es codirector, junto a Jordi Doce, de la colección Voces sin tiempo, de la Fundación Ortega Muñoz. Fu cofundador con Ángel Campos Pámpano y Diego Doncel de la revista hispano-portuguesa Espacio/Espaço Escrito y pertenece al Consejo Asesor de la revista de literaturas ibéricas Suroeste. Es autor de notas críticas, ensayos y poemas en suplementos de periódicos y en numerosas revistas nacionales y extranjeras. Fue colaborador de ABC Cultural y en la actualidad ejerce la crítica de poesía en El Cultural, suplemento del diario El Mundo, así como en las revistas Turia, Cuadernos Hispanoamericanos y Clarín.  Mantiene una columna de opinión en la revista griega Frear y desde 2005 mantiene su blog, Solvitur ambulante.

                Su obra está incluida en las antologías La generación de los ochenta, de José Luis García Martín; La nueva poesía española, de Miguel García-Posada; Antología de poesía española (1975-1995), de José Enríquez Martínez; La poesía plural y Los senderos y el bosque, de Luis Antonio de Villena; Poesía española reciente (1980-2000), de Juan Cano Ballesta; 20 años de poesía. Nuevos textos sagrados (1989-2009), de Andrés Soria Olmedo; Las moradas del verbo. Poetas españoles de la democracia, de Ángel Luis Prieto de Paula, y 33 poetas, del ciclo Poética y poesía, de la Fundación Juan March.

Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas (inglés, francés, alemán, portugués, italiano, neerlandés y polaco)  y figuran en antologías en alemán, italiano, inglés y polaco. [4] 
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[1] Vid.: García Martín, José Luis: Local, universal, en El Comercio de Gijón y El Diario Montañés de 22/05/2020 y recogido en el blog del autor “Solvitur ambulando” en la misma fecha.
 
[2] Vid.: Ob. cit.
 
[3] Vid.: Valverde, Álvaro: Blog personal “Solvitur ambulando”, desde 2005.
 
[4] Vid.: Biografía de Álvaro Valverde, en la web de la Asociación de Escritores Extremeños (https://www.aeex.es/autores/valverde-alvaro/)
 

domingo, 26 de julio de 2020

LOS PAÍSES FRUGALES DE LA UE


Mark Rutte,
líder de los países frugales

La reciente cumbre europea para la reconstrucción nos ha sorprendido con un nuevo vocablo, frugales, en plural, para referirse a los países de la Unión partidarios de limitar la aportación al recién creado fondo de reconstrucción… ¿En qué sentido hubiéremos de entender frugal? Según el Diccionario de la RAE, son adjetivos que definen al “parco en comer o en beber” o, dicho de una cosa, propia de una persona frugal (vida, almuerzo frugal), como los que ellos mismos realizaren durante las maratonianas jornadas de la mayor reunión de jefes de Estado o de Gobierno de la Unión durante toda su historia. Sin embargo, aquí frugal se ha utilizado para referirse a los países de la UE partidarios de limitar la aportación al recién aprobado fondo de reconstrucción: Austria, Holanda, Dinamarca o Suecia, los denominados “países frugales”.

            Ya el primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte, líder de los frugales o tacaños, había advertido a los líderes de Francia, Italia, España y Portugal, o al anterior jefe del Consejo Europeo, Charles Michel, que habían viajado a La Haya antes de la cumbre, al objeto de persuadirle para que cediese en su plan de reformas económicas dentro de los países que quisieran acceder al fondo tras la pandemia de la COVID-19. Rutte defendía la necesidad de aplicar “cuanto antes estrictas exigencias de reformas internas antes de poder acceder a las ayudas europeas”. Los frugales no aceptan ningún tipo de subvenciones para los países que accedan al fondo europeo y solo se mostraban dispuestos a apoyar préstamos a devolver en un plazo de tiempo determinado y siempre acompañado de reformas económicas; es decir, préstamos y no transferencias. [1] El primer ministro holandés se quejaba de que Madrid y Roma no han hecho las reformas necesarias y por eso necesitan la ayuda de la UE. No obstante, los tres (Holanda, España e Italia) chocaron en la primera sesión del Consejo Europeo, en la que se ponía sobre la mesa un fondo anticrisis de 750.000 millones para responder al covid-19 y Rutte insistía en pedir una “supervisión reforzada” sobre España e Italia para controlar “que hagan las reformas mil veces prometidas y siempre aplazadas”.[2]
            Al final, en la madrugada del lunes al martes 21 de julio, tras noventa horas de reuniones, cientos de encuentros bilaterales y un buen número de disgustos, los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 lograban un acuerdo esencial para cerrar el Presupuesto de la Unión hasta 2027 y el Fondo de recuperación tras la pandemia: 750.000 millones para ayudar a los países más afectados, incluyendo 390.000 en transferencias directas (140.000 millones y 72.700 para España). [3] 

         Nos referíamos, en fin, a los países frugales, más que a los camerinos o al atrezo del escenario de las negociaciones. Pues bien, hemos leído antes, durante y después de la cumbre numerosas informaciones sobre los países frugales, que, en castellano, como hemos dicho, se emplea para referirse a la moderación en la comida o en la bebida. Para la Fundación del Español Urgente, “aunque su aplicación a estos cuatro países podría considerarse una extensión metafórica de ese significado, parece más probable que esa palabra se esté usando por influencia del inglés, lengua en la que se les denomina frugal four y en la que frugal no solo se usa para la comida y la bebida, sino también para el manejo del dinero. Así, el Diccionario Merriam Webster define frugal como `caracterizado por la economía en el uso de los recursos´”, que apuesta que “ese concepto se puede expresar en español con más propiedad con palabras como austero (sobrio, morigerado, sin excesos), sobrio (templado, moderado, que carece de adornos superfluos) y otras dependiendo del matiz que se quiera dar y concluye con un ejemplo: “Aunque los ejemplos anteriores no pueden considerarse inapropiados, podría haberse escrito: “La Unión Europea insiste en acercar los países sobrios al plan de recuperación.” [4]
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[1] Vid. Rachidi, Imane: Recado del holandés Mark Rutte a Pedro Sánchez: “Sin reformas no habrá ayudas”, en El Mundo, de 13/07/2020.
 
[2] Vid.: Sanhermelando, Juan: Rutte,  `el doctor no´ que bloquea las ayudas a España. ¿Por qué nos odia?, en El Español, de 18/07/2020.
 
[3] Vid.: R. Suanzes, Pablo: Los líderes de la UE cierran un acuerdo histórico con 390.000 millones en transferencias directas, en El Mundo, de 21/07/2020.
 
[4] Vid. Fundéu, buscador urgente de dudas; países sobrios o austeros , mejor que frugales,  de 21/07/2020.

sábado, 25 de julio de 2020

MASONA, OBISPO Y CONFESOR, UNO DE LOS SANTOS PADRES DE MÉRIDA




San Masona, obispo de Mérida, en leamoslabiblia
Masona (571-605) fue un obispo católico de Mérida, de origen godo, considerado uno de los Santos Padres de Mérida, cuya vida fue escrita alrededor del 640 por un diácono de la misma diócesis, en una obra titulada “Vita SS. Patrum Emeritensium” (Vida de los Santos Padres de Mérida), junto a Pablo y Miguel, aunque otros añaden también a Inocencio y Renovato, prelados todos ellos de Emerita Augusta durante los siglos VI y VII, la época de esplendor de la sede. [1]
 
            Nombrado obispo de Mérida hacia el 573, se convirtió al catolicismo en el 579, dejando a Mérida en poder del rebelde Hermenegildo, sin obispo arriano. Oriundo de raza goda y noble por su linaje, ingresó en el monasterio anexo a la basílica de Santa Eulalia. Se distinguió desde primeras horas por magníficas dotes y virtudes cristianas. El santo obispo fue famoso tanto en la Iglesia emeritense como en toda la historia visigoda. Fidelísimo en su total entrega a Dios, amante de los hermanos, siempre suplicante por su pueblo, su nombre conocido por sus milagros, se extendió por toda la tierra. Su fama le acarreó las consabidas envidias humanas, entre ellas las del rey Leovilgildo y los obispos arrianos, llevándole hasta el destierro. El obispo Masona presidió el III Concilio de Toledo y, por testimonio de San Gregorio de Tours, intervino en la conversión de San Hermegildo. Llevó a la Iglesia emeritense al cénit de su siglo de oro. [2]
            Masona o Mausona ha sido clasificado como un “pilar de la Iglesia de España” y es considerado un personaje muy representativo de su tiempo. Desde el inicio de su episcopado, favoreció el surgimiento de monasterio e iglesias, construyó un hospital, cuyos médicos y enfermeras se encargaban de recorrer la ciudad hospitalizando a todos los enfermos. Fue famoso también por la generosidad de sus limosnas. Durante la persecución desatada por el rey Leovigildo contra los católicos, el obispo Masona fue inquebrantable en la defensa de la fe. Se opuso a Mérida por el obispo ario Sunna que no pudo socavar su prestigio. Masona fue enviado al exilio, que sufrió con valentía. Hasta el rey Leovigildo lo castigó. Mientras tanto, su sede fue ocupada por el seudoobispo Neopopis. Cuando el rey murió, pudo participar en el III Concilio de Toledo en el año 589, donde se proclamó oficialmente la conversión de los visigodos al catolicismo. También participo en el Sínodo de Toledo del 597. Escapó de dos ataques inspirados por Sunna. Ya viejo y cansado, delegó algunas funciones en el archidiácono Eleuterio para el gobierno de la diócesis; pero después de un tiempo se vio obligado a recuperar los poderes, dadas las prevaricaciones de aquel, que aspiraba a la sucesión. Murió alrededor del 606, año en el que San Isidoro le escribió una carta considerada segura. [3] 
          El acoso sufrido por el rey Leovigildo es narrado de este modo: Cuando estalló la persecución en el 580, Masona se había creado ya un nombre ilustre en toda España. Se le reverenciaba no solo por su ilustre nacimiento y por la dignidad que ocupaba, sino por la austeridad de su vida y la ortodoxia de su fe. En diez años que llevaba gobernando la sede emeritense, se había conquistado el cariño de toda la gente de su tierra por su afabilidad, por su humildad y por su amor a los pobres. Antes, su nombre había corrido lo mismo entre los católicos como entre los arrianos, admirados de ver a un hombre que, en la flor de su juventud, abandonaba la herejía de sus padres, despreciaba un risueño porvenir y se encerraba en un monasterio junto a la basílica de Santa Eulalia. Aclamado obispo por el pueblo de Mérida, se había revelado desde el primer momento como un hombre de acción y como un santo. Era el mayor prestigio del episcopado católico. Así lo entendía el rey, empeñado desde el primer momento en ganarse la adhesión de aquel hombre famoso. Entablaron una lucha a distancia. Tres veces llegaron los emisarios de Toledo al palacio episcopal de Mérida y tres veces fueron rechazados sus ofrecimientos y despreciadas sus amenazas. Proyecta entonces arrojarle de Mérida, pero el pueblo se agrupa en torno a él, cuando su hijo Hermenegildo acaba de rebelarse en Sevilla. Sin embargo, envía a la ciudad a un obispo arriano, llamado Sunna, de ingenio intrigante y de aspecto facineroso. No obstante, está orgulloso de su saber y confía también en su ciencia, pues propone al clero y al pueblo de Mérida una disputa pública para saber de qué lado está la verdad. Los dos obispos debían presentarse uno frente al otro en el atrio del palacio. No era posible rehuir la contienda. La ansiedad era enorme entre los católicos. Sunna y los suyos recorrían la ciudad con aire de triunfadores. Masona se había retirado a la basílica de Santa Eulalia para prepararse para la lucha. Llegó Sunna, los jueces nombrados por el rey y la Iglesia, se sentaron los dos obispos y empezó aquel certamen que tenía en suspenso a toda la nación. Habló Sunna con ampulosidad y grandes voces, insultando a sus enemigos más que exponiendo su doctrina. Respondió Masona con suavidad y moderación. Se acaloraba la disputa. De repente, el obispo arriano se quedó sin saber qué contestar. Los mismos arrianos se hacían lenguas de la elocuencia de Masona. “El Señor –dice su biógrafo- puso tal gracia aquel día en sus labios que, aunque era un buen orador, jamás habló de una manera tan admirable como entonces.” Fuera de sí, la muchedumbre le arrebató y le llevó en triunfo hasta la basílica de la mártir, entre vítores y cánticos sagrados. A los pocos días, los agentes del rey se apoderaron del santo obispo y le condujeron a Toledo. La ciudad de Mérida en masa le acompañó durante un largo trecho, llorando inconsolablemente. Leovigildo no había desesperado aún en atraerle a su secta. Le expuso su doctrina sobre el arrianismo, a lo que Masona respondía en su creencia de la consustancialidad del Padre y del Hijo. Entonces, el rey le amenazó con confinarle en un rincón de la península. En este punto, el rey se sobrecogió por una furiosa tempestad. “Eres rey –le dijo Masona--; pero he aquí otro rey a quien debemos temer más que a ti.” Leovigildo pronunció su sentencia y le desterró “por incompatible con nuestras costumbres, enemigo de nuestra fe y contrario a la religión”. Fue recluido en un monasterio. Ocurría esto en el 582, cuando Leovigildo preparaba su expedición contra Hermenegildo y las ciudades que seguían su causa. A finales de aquel año se apoderaba de Cáceres y poco después entraba en Mérida. Hermenegildo defiende Sevilla heroicamente, pero no tenía la experiencia militar de su padre. Llegan su fuga, prisión y martirio. El viejo monarca ha deshecho todas las resistencias y va a realizar su sueño de arrianizar España; pero, al fin se da cuenta de lo errada de su política y desea cambiar de rumbo. La imagen del obispo de Mérida le persigue en sus sueños y cree ver a la mártir emeritense diciéndole: “Dame a mi siervo…” Siempre astuto, hace saber clandestinamente a Masona que puede salir del monasterio sin temor a su venganza; pero Masona continúa en el destierro. Leovigildo le envía espléndidos regalos y le ruega que vuelva a su diócesis. El prelado deja su retiro, pero rechaza los presentes. Cuando Masona vuelve a Mérida, tras tres años de destierro, Leovilgildo era condenado a las cadenas perpetuas del tártaro. Diez meses después, la conversión de Recaredo permite el concilio toledano, que preside Masona. El rey declara prescrito el arrianismo y Leandro cantaba el himno de la unidad. Mérida veneraba a su obispo. Cuando en las grandes fiestas se dirigía a la basílica con pompa, la muchedumbre se agolpaba en torno a él y le vitoreaba. Próximo a su muerte, llamó a los siervos del palacio episcopal y les dio la libertad. Hizo que le llevasen en su litera a la basílica de Santa Eulalia, rezó allí largamente con los ojos fijos en el cielo y las manos extendidas y, al poco tiempo, entregó su espíritu. [4]
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[1] Vid.: Borrelli, Antonio: San Masona de Mérida, en el blog Vidas Santas (http://vidas-santas.blogpost.com). La misma tesis comparte Velázquez, Isabel, en:  Vida de los Santos Padres de Mérida, en Trota Editorial, enero 2008, 128 págs., en el que describe que la Vida de los Santos Padres de Mérida es un relato anónimo del siglo VII que describe la vida de la ciudad emeritense en el siglo anterior en torno al papel jugado en la sociedad por sus principales obispos, Paulo, Fidel y Masona, y las relaciones con los reyes, en especial con el arriano Leovigildo, perseguidor de Masona. Estos tres personajes son los protagonistas de unos interesantísimos relatos biográficos, a los que se añaden otros muy variados y curiosos como el del joven Augusto, del monasterio de Santa Eulalia; el del abad Nancto, o el del monje borracho de Cauliana, así como breves referencia a los obispos sucesores de Masona, Inocencio y Renovato; y como también recuerda el libro que, con el mismo título, escribiere Aquilino CamachoUn Misal”, del siglo XIII, procedente del monasterio de Siles, hoy en París, que sitúa su festividad el 11 de diciembre, según escribe Carmelo Arribas en Mausona, nuestro obispo (Extremaduraaldia, de 14/10/2016).
 
[2] Vid.: San Masona, obispo (del 571 al 605) de Mérida, España, en el webmaster de la Archidiócesis de Madrid (wemaster@archimadrid.org.),  de 11/11/2008.
 
[3] Vid.: Borrelli, Antonio en el blog Vidas santas (http://vidas-santas.blogspot.com).
 
[4] Vid.: Blog de Nieto1: leamoslabliblia.blogspot.com/2012/ san-masona-obispo-de-merida.html. (http://www.webwikis.es/nieto1-leamoslabiblia.blogspot.com).