lunes, 14 de febrero de 2011

MONÓLOGO DEL AMANTE APASIONADO

Te amo, mi amor, porque deseo lo que juzgo tu bien; te quiero porque siento una viva inclinación hacia ti; te adoro porque te reverencio con tanto honor que, siendo humana, te considero divina; te idolatro porque, aun sin ser dios, te amo excesivamente; me apasionas porque me he aficionado con exceso a ti; te ensueño porque me avivas la ilusión y la fantasía; me enamoras porque has ganado mi voluntad que, siendo mía, es tuya; te estimo porque has motivado mi aprecio y estimación; te bioenquiero porque, aunque alguna vez sufras por mi causa, mi amor desea tu bien; me conquistas porque hechizaste mi voluntad; te deseo porque aspiro con vehemencia a poseerte; te requiero porque deseo explicarte mi pasión; te piropeo porque porque requiebro tu atención; te cortejo porque quiero regalarte lo mejor de mi ser; te espero porque tu amor bien vale una vida; me sacrifico porque no tu amor no tiene precio por tan apreciado; te amparo, porque, amparando tu amor, no desamparo el mío…, asimiento, corazón, deleite, llama, pasión, querencia, sentimiento, suavidad, ternura, cariño…, ¿o acaso la conjugación no precisa los estados todos de nuestro amor? “¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?/ Poesía… eres tú”, amor de Bécquer; pero “dame mil besos, luego ciento, después mil otra vez, de nuevo ciento, luego otros mil aún, y luego ciento…”, recuerda a Cátulo. “Dices que no tendrá fin, vida mía, este amor que nos une, que entre nosotros será, ahora y por siempre, feliz…”

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