Algunos rasgos fonéticos que encontramos en amplias zonas de América, como el seseo, el yeísmo o la aspiración o pérdida de la –s final, estaban presentes en distintas variedades de hablas meridionales de la Península cuando los españoles comenzaron a establecerse en América, según informa Extremestiza.
Entre quienes cruzaron el Atlántico había personas procedentes de diferentes regiones de España y las variedades meridionales --entre ellas las andaluzas, extremeñas y canarias-- tuvieron un papel especialmente importante en la formación del español americano.
La investigación histórica ha mostrado que varios de estos fenómenos ya estaban documentados en España antes de la expansión americana y que fueron llevados al otro lado del Atlántico por las primeras generaciones de pobladores.
Esto no significa que el español de América sea una prolongación del extremeño ni del andaluz. Su formación fue mucho más compleja y resultado de la interacción de diferentes variedades peninsulares, procesos de nivelación lingüística y el contacto con las lenguas americanas.
Pero la historia de la lengua también dejó una huella extremeña al otro lado del Atlántico: algunas formas de hablar que hoy asociamos con el español americano tienen antecedentes en las hablas meridionales de la Península, entre ellas las extremeñas.
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Fuentes completadas: Fraga García, Juan Antonio: El español de América, Congreso de Valladolid: Unidad y diversidad del español, Instituto Cervantes; Lapesa, Rafael: Historia de la Lengua Española; Elizaincín, Adolfo: La mirada americana: el español y su expansión internacional, Anuario del Instituto Cervantes, 2016.

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