domingo, 8 de marzo de 2009

NO SIEMPRE UNA BUENA DEFENSA ES EL MEJOR ATAQUE

El “mago” Helenio Herrera, el mejor entrenador durante la década de los 50 y 60, creó una frase que hizo época en el mundo futbolístico, y furor en décadas sucesivas: “Una buena defensa es el mejor ataque”, conocida como el “catenaccio”; pero, junto a ello, inventó también la rapidez en el contraataque, porque un equipo que solo es capaz de defenderse, no podrá ganar jamás. Ni siquiera otra creación suya que reafirmaba la anterior, la creación del “libero”, el defensa libre o escoba, como los cabestros en un encierro sanferminero, podría desarrollar otro de sus argumentos para encarrilar el triunfo: la ambición por la victoria por encima de la estética, o “el jugador número 12”; es decir, una afición activa, que anime sin cesar a su equipo, por una encima de la actitud pasiva del espectador, a la espera de que sea su equipo el que le anime a él, ganando y jugando bien, o la conjunción de ética y estética.

A tal punto llegó el “mago” que, en cierta ocasión, sancionó a uno de sus pupilos del Inter de Milán por decir: “Vamos a jugar en Roma” en lugar de “Vamos a ganar en Roma”.

Hay una similitud entre estas prácticas y sentires futbolísticos y las que animan a ciertos políticos populares, practicantes a diario de “respuestas de urgencia y urgencia en las respuestas”, como si su única ambición fuere, por encima de la estética y de la victoria, minar al adversario político para que no se hable de lo que debiere hablarse, tapar sus propias vergüenzas y enarbolar como prenda de victoria acusaciones que el viento esparza para que sus prédicas no caigan en el olvido.

Tratar de hacer “leña del árbol caído” de la crisis, sin acordarse de quienes más la sufren; hablar reiteradamente de “despachos en la calle” y “despachos oficiales”; envidar a “doña Junta” a visitar comedores sociales, como si la institución desconociere la realidad; urgir al Presidente Fernández Vara a que le llame y que responda a todo lo que le pareciere, no deja de constituir una ironía sin gracia de Monago que, en la calle y en los medios de comunicación, más que en los despachos, pretende obtener un rédito del que, por el momento, carece. Y, además, utilizando la versión original de don Helenio Herrera, según la cual, “la mejor defensa es el ataque”, cuando él aún no había nacido para conocer el “catenaccio”.

Otro tanto parece ocurrirle a la alcaldesa de Moraleja, que solicita la presencia del juez Garzón en su pueblo para investigar al PSOE, y ve defensas por todos los sitios, que le impiden marcar y remarcar su propia arrogancia política ante los contraataques de la oposición socialista, cuando sus propios compañeros de partido a nivel nacional han puesto en tela de juicio su imparcialidad como juez… Pues acuda a los tribunales para lograr la victoria por encima de su estética; porque busca la victoria en el contraataque, sin el adorno de la estética política que habría de suponérsele.

Y sin ir más lejos, la portavoz del PP en el Congreso viene a Extremadura a solicitar, una vez más, lo que son derechos constitucionales: la tutela judicial efectiva, la presunción de inocencia y, además, al contrario de lo que urge su camarada de Moraleja, solicita un “juez imparcial”, dando por sentado que el juez Garzón no lo fuere, cuando aquella lo tiene por el mejor “justiciero”.

No siempre la mejor defensa es el ataque: ni Monago tiene razón para urgir respuestas de urgencia, que ya le da el propio Presidente Vara, en la Asamblea, donde debiere, por teléfono y a solas, más a menudo de lo que otros camaradas suyos quisieran en otras comunidades; ni la alcaldesa de Moraleja para defenderse atacando a los socialistas; ni la portavoz popular poniendo en tela de juicio la instrucción de una causa ni el acto de justicia imparcial, que se les supone a los jueces.

Lo que predica Monago lo hace el Presidente Vara con creces y con estilo; la ironía con que acepta la invitación de la Junta que preside, sobra; la urgencia en las respuestas que solicita se las da diariamente la Junta en respuestas de urgencia; lo mismo que está demás que Soraya Sáenz de Santamaría venga a Extremadura a reclamar lo que ya está en la Constitución; o que la alcaldesa de Moraleja esgrima en el ataque a los socialistas su mejor defensa y solicite la presencia de un juez para defenderse del contraataque adversario.

Se olvidan los populares del “jugador número 12” que, al final, será el mejor juez político en el que no reparan, como si su estética o su defensa les bastaren como el mejor ataque.

sábado, 7 de marzo de 2009

ACERCA DEL HABLA PERDIDA

Convivimos, pero no vivimos; hablamos con nosotros mismos, pero no con quienes nos rodean; oímos, pero no escuchamos; escuchamos, pero nada oímos. No escuchan nuestra voz quienes desearen oírla; ni escuchamos a quienes debiéramos. Pareciere que el mundo que nos rodea nos invitare a escuchar a quienes nada nos dicen; a no escuchar a quienes debiéramos.

No hablan los sordos más que en su lengua de signos, pero más de los que están en posesión permanente de su voz, aunque no se les oiga. Habla, a veces, la mirada más que la palabra; un beso, un abrazo, por mil palabras; un recuerdo, en el pensamiento; su dulce nombre evocado; la palabra que el viento se llevó; las no devueltas por los vientos de invierno; las perdidas y recordadas, ausente su voz; la mímica expresiva, intérprete de la palabra.

Cuanto más cercanos, más lejanos; cuantos más medios para comunicarse, menos para escuchar. Ha perdido la lengua el habla como si solo se bastare con el beso, aun antes del diálogo. El habla de la lengua es el habla del corazón, de la mente, del deseo; lo es del amor compartido; pero se pierde sin la palabra.

No basta la palabra oral en la distancia, aun reconocida y vista, con la imagen misma de quien la espera y la ofrece. El roce hace el cariño; el cariño provoca el roce. Sin cariño, sin roce, qué mérito hubiere el habla en la distancia no compartida, vivida, ansiada, anhelada, escuchada, deseada, confortadora del ánimo… quizá perdido por las circunstancias.

La convivencia sin habla, sin diálogo, quiebra el sistema de los presentes hablantes; les separa porque nada se dicen, o nada tienen que compartir sino en los compartimentos-estancos de un hábitat sin palabras. No solo se comparten los bienes, la felicidad, la enfermedad o el desamparo… Sin habla compartida, el hombre sucumbe; la mujer cae en depresión; la pareja se diluye, se distancia, se separa… Todo muere sin la palabra, o sin un gesto traductor de aquella.

En tiempos de desamparo, solo la palabra amiga, familiar, sirve de consuelo para los afligidos, quizá porque no hubiere mejor medicina que la palabra donde antes reinó el silencio. No es éste solo la ausencia de la palabra: más aún, la ausencia de la comunicación, la palabra perdida en un mundo de palabras sin palabra, la mentira sobre la verdad, el olvido sobre el recuerdo, la mirada a los ojos sobre la mirada perdida, o quizá también el respetuoso silencio de los amantes religados sin decir palabra. A qué más cuando todas sobran y la mirada lo dice todo, o cuando estas mías no llegaren a los oídos sordos, perdidas palabras en la incomunicación del habla…

Qué palabra les quedare a quienes todo lo han perdido, asediados todo el día por la palabra de otros, predicadores de la verdad de su sola palabra; refutadoras palabras que niegan la esperanza que otras nos transmiten, persuadidos de que la preeminencia de la propia es la verdad absoluta sobre las presuntas mentiras de aquellas que nos llevaron por el buen camino… Quizá solo el voto condensador de la palabra ausente, hecha voz en las urnas; la voz del silencio ahora reprimido, ahogado por la palabra perdida, silenciada durante años, en paradero desconocido la palabra deseada, ausente ya la voz ansiada…, fije y dé esplendor a la palabra ahora perdida. Solo entonces habrá vencedores y vencidos por la palabra, el saque en posesión del pueblo, único soberano de su propia palabra, apropiada por quienes no debieren en la pérdida ocasional, fluctuante, de aquella.

domingo, 1 de marzo de 2009

LA NOCHE DE SORAYA


No será la noche solo para ti, Soraya,
Corazón de fuego, ilustre valenciana.
Sin miedo a volar en Moscú,
Fruto prohibido en tu voz de la Raya.

Vuelve a volar, triunfita, desde tu atalaya
Que tú sola mandarás en tu noche
Sin miedo a dejar la frontera
Que harás vibrar en tu trasnoche.

Haznos vibrar, corazón de fuego,
Extremeña de oro en tu hábitat solariego,
“Poyeya” asunta al cielo
Por tu estilo, tu voz, tus ansias de fuego.

Tu fuego dirá la verdad.
Tu mundo estará contigo
En el volcán de tu fragosidad
Con el aire renovado por testigo.

Platinos de diamante discotequeros
Que no te sueltan ni en tu voz, Soraya,
Ni en tus bailes ni en tu ritmo festivalero.
España entera será tuya, como tu frontera sin guardarrayas.

Torna al cielo de Europa
Ondea en Moscú tu bandera
Que España entera te toma
En tu vibrar como su metopa.

Rubia Soraya sin miedo
La noche es para ti
Y nuestra, también, sin remedo.