domingo, 4 de julio de 2010

LA VICTORIA DE LAS ALAS DE ORO

Con su victoria ayer ante Paraguay por 0-1, la selección española de fútbol ha logrado, al fin, romper la barrera psicológica y deportiva de la eliminatoria maldita y la excusas de plañideras, no ajenas a los vaivenes deportivos y extradeportivos, que nos han perseguido en nuestras participaciones mundialistas.

En su trece presencias en la fase final de los Mundiales de fútbol, la selección nacional fue eliminada en cuartos de final en Italia 1934; en España 1982, en una liguilla de cuatro grupos con tres equipos cada uno; México 86 ante Bélgica por penalties; en Estados Unidos 94 ante Italia; y en Corea y Japón 2002 por el árbitro egipcio Al Ghandour. Nuestra mejor clasificación fue el cuarto puesto en el Mundial de Brasil de 1950. Hace, pues, sesenta años que la selección no lograba un mejor puesto.

En un Mundial valen las excusas, cuando son justificadas, como llanto de plañideras o maldiciones que nos persiguen a nuestro pesar; pero ganar un Mundial requiere algo más que la buena suerte o la justicia arbitral en las que, en caso contrario, escudarse para justificar lo injustificable. Ni siquiera bastan la conjunción del equipo, la preparación física, la ilusión, la humildad ante el adversario, la propia autoestima que invita a superarse ante tirios y troyanos, porque ni hay equipos invencibles ni conjuntos asequibles. Los ejemplos de Brasil, cinco veces campeona del Mundo; Italia, tres; Argentina, dos; e Inglaterra y Francia, una cada uno, eliminados en el presente Mundial de Sudáfrica, nos ilustran acerca de la condición deportiva y humana de vencedores y vencidos.

Para una selección que, en 2008, se alzó con el primer puesto en el ránking de la FIFA, tras ganar la Eurocopa de Austria y Suiza ante Alemania, no valen ahora las excusas de la confianza desmedida, del peso de la púrpura, ni de nuestros fallos clamorosos, o de terceros, que nos apearon en octavos o en cuartos en la historia de los Mundiales. Cardeñosa, ante Brasil en el 78, solo ante la portería; el gol no concedido a Míchel ante Brasil en México 86; el fallo de Eloy en su penalty ante Bélgica en el mismo Mundial; la agresión a Luis Enrique en EE UU 94, no castigada; el clamoroso fallo de Salinas ante el portero italiano Pagliuca en el mismo Mundial, por no recordar al árbitro egipcio Al Ghandour, que nos privó de las semifinales en el Mundial de Corea y Japón 2002.

El miércoles nos reencontramos otra vez con Alemania en semifinales. No es el mismo conjunto de 2008, aunque la selección nacional conserve la misma base del equipo conjuntado y unido por Aragonés y mimado por Del Bosque que, aunque haya desarrollado su peculiar juego en algunas momentos, no la logrado aún ir de menos a más, como cabría esperar, aunque haya superado las pruebas de la primera fase, de octavos y cuartos.

No hay adversario pequeño ni sueño que no pueda cumplirse; pero la victoria de las alas de oro, ideada por Jules Rimet, padre del Campeonato del Mundo, simboliza la conversión del Mundial en el acontecimiento deportivo más importante del mundo, una alada y bella mujer que representa a Niké, la dorada diosa de la victoria, tan atractiva por el oro mismo que la cubre como por la proximidad que nos une a ella y por la lejanía que aún nos separa en la lid deportiva para acariciarla entre nuestras manos. Niké representa los sueños imposibles e incumplidos de varias generaciones de futbolistas y aficionados que, si ayer cantaban victoria, mañana pueden llorar la amargura de la derrota.

La Copa une la esfericidad del planeta y el balón que emergen sosteniendo el mundo, que el capitán de los vencedores alzará entre sus manos como símbolo de la victoria ante el planeta. Los sueños alados pueden pasar de unas manos a otras, pero no serán realidad hasta que no los alcemos con las propias. La oportunidad es de oro, porque la victoria alada solo se aparece cada cuatro años. Tocarla antes de tiempo no está permitido; soñar con ella es libre.

lunes, 28 de junio de 2010

VÍCTIMAS


Las víctimas no buscan la compasión de los demás. Pedían tan solo justicia y reparación, reconocimiento moral de la sociedad de la que fueron víctimas por causa ajena o accidente fortuito. De nada fueron culpables, sino víctimas. Ni el tiempo ni la palabra bastan para apagar el olvido y la memoria. Han pasado cincuenta años. Censa el colectivo 1.382 víctimas desde que muriere la niña Begoña Arroz Ibarrola, de veintidós meses, un 27 de junio. Tras ella, hay un reguero de dolor, orfandad, vidas truncadas por la ausencia irreparable.

El Congreso ha reparado la memoria, ha enaltecido a las víctimas. Nuestra prioridad es acabar con el terrorismo, ha dicho el Rey, para quien el acto es un “referente cívico”, un “símbolo de firmeza”. Frente al terrorismo, “ambigüedad cero”, ha sentenciado el presidente del Congreso.

El 11-M de 2004 despertó las conciencias frente al terrorismo. Ya no son ellos solos; las víctimas somos todos, quienes lo fueron, las colaterales y quienes asistimos impávidos al ataque a la vida y al sistema. Ni el Estado ni la sociedad pueden permitirse un ataque frontal contra sí mismos como el terrorismo, ni olvidarse de las víctimas, sino ampararlas y protegerlas: ni, mucho menos, bajar la guardia en una lucha que tan solo persigue la muerte de inocentes y del Estado. Contra el terrorismo no cabe bajar la guardia como, a pesar del tiempo transcurrido, tampoco la memoria, porque dejaríamos flancos al olvido, tributario de la desesperanza, frente a la firmeza del Estado, que no debe permitir ni lo uno ni lo otro.

sábado, 26 de junio de 2010

NI SOLOS NI EN EL CAMINO…

La serie de reuniones que la dirección provincial del PSOE de Cáceres ha promovido con los secretarios de las agrupaciones locales la pasada semana, y que concluirán a comienzos de la segunda de julio, se insertan en el marco dinamizador propio del partido que desea compartir con los suyos unas directrices políticas de futuro, a la vez que explicarles que las medidas tomadas por las distintas administraciones contra el déficit son “más necesarias que nunca” para “proteger a las víctimas de una crisis que han generado otros”, en palabras de su secretario general, Juan Ramón Ferreira.

Las víctimas de la crisis son de izquierdas, no de derechas; son pobres, no ricos. Por ello, necesitan la política y el amparo de un partido que garantice sus conquistas sociales, que no es otro que aquel que más integra a todas las clases sociales, no como el PP, que solicita más medidas contra el déficit que no aplica en las administraciones en que gobierna y que, cuando se toman, rechaza. Bien claro lo dejó Ferreira en su primera reunión ante los secretarios locales de las agrupaciones del PSOE en la provincia de Cáceres.

El partido de la mayoría no puede dejar “ni solos ni en el camino” a quienes solo puede proteger una política que mira por los intereses generales por encima de los particulares. De ahí la necesidad de ganar los próximos comicios no tanto para mantener el poder por el poder mismo, sino para garantizar las políticas sociales logradas, que a la derecha no les interesa para nada, y preservar la política del interés público frente al interés privado.

A los “lobos con piel de cordero”, a los que se refería Ferreira, les interesa el poder, no España ni los españoles; miran por el interés particular antes que por el general; por lo privado antes que por lo público; por los privilegios, no por la igualdad. Prefieren el “no” sistemático a todo al “sí” por España. Ellos sí dejarían solos y en el camino a la mayoría que siempre paga con el silencio la desmemoria que quisieren imponer.