martes, 12 de febrero de 2013

INTERREGNO ENTRE DOS REINOS

           Benedicto XVI ha abierto con su renuncia al papado un “interregnum” (entre el reino) no por insólito, no previsto por ello. Desde el año 526 de la era cristiana, con el papa Celestino V, no se había producido un hecho semejante en el Reino de Dios en la Tierra. La renuncia papal está prevista en el Código de Derecho Canónico (la Constitución de la Iglesia), promulgado por Juan Pablo II en 1983, que contempla que, para que la renuncia sea válida, ha de ser libre y manifestada formalmente. Esto es lo que ha hecho esta mañana ante el consistorio reunido en San Pedro para fijar las fechas de dos canonizaciones, ante la falta de vigor, “tanto del cuerpo como del espíritu…, para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado”. ¿Podría decirse que en la Iglesia se producirá desde el día 28 próximo, a las 20.00 horas, en que la sede de Pedro quedará vacante, según el anuncio papal, un “interregnum”, una interrupción en la sucesión normal, como los reyes, papas o emperadores?

             La sucesión hereditaria, el interregno o la sede vacante, es la forma de reglamentar en las monarquías una sucesión hereditaria, de forma que, antes de que se produzca la finalización del término del primer monarca, el heredero al trono, asciende a él tras la muerte o abdicación de su predecesor; pero el papa no abdica ni dimite: renuncia. El “interregnum” en la Iglesia se produce tras el fallecimiento o renuncia válida del papa y la elección del siguiente por el Cónclave, que hasta entonces dirige el camarlengo. De sucesión hereditaria puede hablarse en las monarquías con heredero o sucesor establecido. Así, los dos últimos “interregnum” en el Reino de España pueden establecerse en el Sexenio Democrático  (1868-1870 y 1873-1874), tras el advenimiento de Isabel II y el advenimiento de Alfonso XII y el breve reinado de Amadeo I (1870-1873), y el de la dictadura franquista, desde el momento en que la Ley de Sucesión de 1947 declara a España Reino, hasta 1975, en el que el rey Juan Carlos I asume la Jefatura del Estado tras ser nombrado por él y aceptado su nombramiento por las Cortes.

El Estado Vaticano puede ser considerado como una monarquía no hereditaria, en tanto que el sucesor de Pedro no está previamente designado, sino que lo es por el Colegio Cardenalicio con derecho a voto en el Cónclave; es decir, los 118 cardenales menores de 80 años, entre ellos cinco españoles. El papa no es un rey ni heredero de una dinastía heredada por consanguinidad. De ahí el dicho vaticano que reza que, en el Cónclave, “quien entra papa, sale cardenal”. Por ello, los cardenales reciben todos el título honorífico de “príncipes de la Iglesia”; es decir, todos son electores y elegibles al trono de Pedro; herederos todos, pero solo uno será el sucesor del trono del apóstol: quienes decidan los electores. El papa electo debe dar, además, su consentimiento a la elección al cardenal decano, con la pregunta en latín: " ¿Acceptasne electionem de te canonice factam in Summum Pontificem?” (“¿Aceptas tu elección canónica como Sumo Pontífice”) y, si el candidato electo diera su consentimiento, le preguntará a continuación: “Quo nomine vis vocari?” (¿Con qué nombre deseas ser conocido?)  Y responderá: “Vocabor Pius XIII”, “Joannes XXIV” “Paulus VII” o “Benedictus XVII”,  por ejemplo…
La Iglesia Católica oscila ahora, en este “interregnum”, entre dos reinos: el suyo de la tierra, aunque su reino no es de este mundo, perdido el poder temporal a finales del XIX, y el del cielo, al que guía a los católicos el sucesor de Pedro. No se había planteado durante siglos una renuncia que honra a Benedicto XVI y de la que deberían tomar ejemplo los políticos, si no por edad y carencia del vigor físico y espiritual necesarios, sí por el mal ejemplo y el desapego de sus propios fieles hacia quienes por ellos fueren elegidos. Y si antes nadie había renunciado a la silla de Pedro por estas humanísimas razones, excepto cuatro, aunque solo puede considerarse como personal y voluntaria la de Celestino V, las tesis aportadas hasta la fecha –como que no puede haber dos papas vivos, o que no puede renunciar por su misión espiritual ajena a la edad- las ha echado por tierra Benedicto XVI. Por otro lado, a nadie extraña que los cardenales mayores de 80 años no participen en el Cónclave, o que los arzobispos y obispos y sacerdotes se retiren a los 75 años, una edad de jubilación que solo existe en pocos lugares de la tierra.

miércoles, 6 de febrero de 2013

DAOS PRISAS EN MORIR ANTES QUE MALVIVIR…

              Nunca hubiere político tan desafortunado como el japonés de Finanzas, Taso Aso, quien instó a los mayores de su país a “darse prisa y morir” para dejar de gastar dinero en Sanidad. El  ministro tiene 72 años y sus palabras provocaron un auténtico terremoto en un país en el que más del veinte de la población tiene más de 60 años y los ancianos son respetados y venerados. Aso se mostró contrario, a finales de enero, a las técnicas de reanimación y tratamientos para prolongar la vida, y afirmó que hay personas a las que se les obliga a vivir, cuando lo que quieren es morir, y se refirió  a los mayores dependientes como “gente tubo”. Hace unos años se preguntaba por qué tenía él que pagar a los mayores de 65 y 70 años, que no dejaban de ir al médico y gastar en Sanidad.
 
              Lejos de sorprendernos por tales declaraciones, son cada día más los españoles que van asumiendo que, aun sin eutanasia legalizada, no es algo que nuestros políticos nos vayan a pedir, sin decirlo, de aquí a poco, al negar la asistencia a los dependientes; al subir el copago de los medicamentos a quienes los necesitan; a no subir las pensiones, sino a bajarlas sin proclamarlo; a retirar cada día más medicamentos de la lista de la Seguridad Social; a dejar abandonados a los ancianos que, aun siendo de siempre la veneración de sus hijos y maestros para todos, son considerados hoy, un estorbo, o al menos una carga insufrible para las arcas de la Seguridad Social.
Quienes así piensan, y lo proclaman, y quienes lo niegan, parecen ignorar que la esperanza de vida sube en España, sobre todo entre la población femenina, a la vez que se desboca la cifra de parados, lo que acorta el número de cotizantes para sostener a una población cada día más necesitada de asistencia. Los políticos y banqueros también nos están costando un ojo de la cara; pero ellos, a lo suyo: con el pueblo para seguir y sin el pueblo para seguir forrándose; sin embargo, a ellos nadie les pide que se mueran para acabar con una lacra que se extiende como una mancha de aceite, porque la eutanasia está prohibida, aunque se puede ejecutar cortando el grifo que más duele a quienes lo necesitan. La medicina que ellos necesitaren, la recomiendan para los demás. “Daos prisa en morir antes de que os quitemos la vida sin que os enteréis…”, parecen decir quienes más gasto producen a las arcas públicas y no dan a cambio beneficio alguno. Predicando la muerte con la boca chica y la vida con la grande…
Todo el mundo conviene en afirmar en que es mejor morir cuando se es dependiente y se ha perdido la calidad de vida: por uno mismo y por los demás; pero de ahí a solicitar la muerte para ahorrar, va un trecho muy atrevido y largo. El futuro que nos ofrecen no es ya la vida, sino la muerte. Hubo generaciones perdidas por las guerras, y hay, hoy, otra generación perdida en tiempos de paz, la que huye buscando la vida lejos de su tierra; quienes se resignan a seguir viviendo en ella confiando en unos regidores por ellos electos que no merecieren vivir si dijeren todos los días, como el japonés: daos prisa en morir antes que malvivir… Ese es el futuro que os espera; y no os quejéis aunque os subamos el copago, porque solo son unos céntimos, y no os enviemos al banco lo que pagasteis de más ni a casa la tarjeta sanitaria que necesitáis…, porque vais a morir de todas formas.
Teófila López Carrero hubiere cumplido hoy cien años, de los cuales más de cincuenta los pasó lejos de su tierra. Nunca deseó morir. Aun en sillas de ruedas y sin reconocer ya ni a sus hijas, rezaba y cantaba sin parar; pero falleció en Madrid el día 26 de enero, a punto de su centenario. Gumi, Ceci, Charo y sus nietos, nunca la olvidarán, porque estuvieron a su lado hasta el final. Ahora, solo la fe y sus hijos sostendrán también su vida hasta que les llegue la hora.
Extremadura se va poblando de centenarios mientras la juventud desaparece y el despoblamiento se acrecienta. Solo las grullas les acompañarán en su último viaje en la tierra. Mientras, los políticos se ponen las máscaras de carnaval y solo se atreven a decir que ellos no saben nada…, ni de la tierra y menos aún del cielo, ahora, cuando este nos recuerda que “polvo somos y en polvo nos hemos de convertir”.
 

domingo, 3 de febrero de 2013

UN PLAN PARA ACABAR CON LA CRISIS



              Cada español no político tiene un plan para acabar con la crisis, como cada español no seleccionador de fútbol hubiere una selección ideal para ganar todos los campeonatos. Los españoles nos erguimos en seleccionadores de todo y de la nada, en revolucionarios capaces de acabar en la calle, a voces, con pancartas o a tiros, con la pléyade de políticos impresentables que, en lugar de apaciguar la vida, templar los ánimos y hacer posible el Estado del bienestar, se lo arrogan para sí, llevando al pozo del abismo a la llamada clase media que lo sostuviere.

              No basta con hacer propósitos de enmiendas, ni con declaraciones de transparencia, ni con hacer pública nuestras cuentas y pagos al fisco. Todo eso está muy bien, pero no es suficiente para acabar con el tercer problema del país, tras el paro y los problemas económicos, según el barómetro del CIS de diciembre de 2012, por parte de quienes debieren dar el ejemplo que se les supusiere. Un país con más de un centenar de políticos de todo el arco parlamentario imputados por corrupción, que continúan ejerciendo la política como profesión y no como vocación, y cuyo censo de sospechosos aumenta cada día, no puede liderar, en modo alguno, la salida a una crisis, a costa de los que menos tienen, cuando ellos se llenan los bolsillos a pesar de los recortes que hacen a la mayoría. Los recortes no deben traspasar determinadas líneas rojas que ahoguen derechos fundamentales y consolidados en las últimas décadas y que ponen en peligro no solo el Estado del bienestar, sino la dignidad de la vida misma que hubieren por derecho constitucional todos los españoles. Ni pueden los políticos, por su propia dignidad que honra a una mayoría, pedir, como solicitaba hace unos días el ministro japonés de Finanzas a los ancianos de su país “a apurarse a morir” para resolver los problemas económicos, tanto como si aquí el ministro del ramo correspondiente hiciere la misma petición a los pensionistas para resolver el déficit creciente de la Seguridad Social.

              La drástica reducción del déficit impuesta a España por los organismos internacionales no pueden, de ninguna manera, acabar con el derecho universal a la sanidad, la educación, las pensiones y la dependencia, los pilares que sostienen las cuatro patas del Estado del bienestar, ni que los recortes caigan sobre los funcionarios que sirven con esmero al sistema.

              Ya en los albores de la democracia, un senador del Reino, que lo fuere durante muchos años, me reconocía que la citada institución constitucional no servía para nada si no se cambiaban sus funciones y reglamento. Seguimos igual, porque, aunque parezca que la Constitución sigue teniendo validez plena, son muchos los que urgen una reforma para redefinir la estructura del Estado, cada día más debilitado por quienes solicitan unas competencias exclusivas del propio Estado,  por la crisis, por la corrupción y el paro galopantes y por el mal ejemplo de muchos políticos que no asumen para sí los sacrificios que piden a los demás. Países europeos de larga tradición democrática, como Suecia, Dinamarca o Noruega carecen de Senado. Alemania censa un centenar de senadores y Estados Unidos, uno por cada estado federado de la Unión. Teóricos del Derecho Internacional y constitucionalistas lo ven como una cámara prescindible, innecesaria y en peligro de extinción. España tiene 260 senadores, cuya eliminación supondría un ahorro de 3.500 millones anuales.

              Hay otros recortes más importantes por hacer y que no se hacen: eliminar la pensión vitalicia de todos los diputados, senadores y padres de la patria; revisar, como ahora se está haciendo, los sueldos de alcaldes que se ponen a sí mismos el salario que les da la gana; obligar a devolver el dinero robado a las arcas públicas, además de penas de cárcel para los ladrones, en lugar de otorgar amnistía a delitos punibles; eliminar todos los coches oficiales; anular las tarjetas de crédito con que muchos pagan gastos particulares; dejar un solo diplomático y cónsul en cada país y, por supuesto, eliminar los de las comunidades autónomas, porque la representación exterior es competencia exclusiva del Estado; y, en fin, rebajar un 30 por ciento las transferencias a sindicatos, fundaciones y varios, con lo que se ahorrarían 45.000 millones de euros, y no haría falta tocar las pensiones ni bajar la inversión pública… Con estas medidas se habría terminado la crisis.

              No puede ser que haya recortes para una mayoría y dobles sueldo para una minoría; dinero para sanear la banca y no lo haya para quienes lo necesitan. La gente está harta; la marca España está bajo mínimos; las denuncias silenciosas se están haciendo oír; la gente grita en las calles. Nadie se calla ya porque el silencio nos ahoga, aunque algunos medios, oficiales y extraoficiales lo silencien, he aquí lo que la gente canta en la calle: 

En la Puerta del Sol (3 bises)
mamita mía,
Nadie se marcha, nadie se marcha.

Las gentes indignadas (3 bises)
Mamita mía,
qué bien te guardan, qué bien te guardan.

Los bancos y las cajas (3 bises)
Mamita mía,
nos han robado, nos han robado.
 
Y ahora nuestros derechos (3 bises)
Mamita mía,
Quieren quitarnos, quieren quitarnos.

Madrid, qué bien resistes (3 bises),
Mamita mía.
Tanto saqueo, tanto saqueo.
 
Con recortes aguantas,
Ciudadanía,
y el agua al cuello,
y el agua al cuello.

En la Puerta del Sol…