domingo, 19 de junio de 2022

MADROÑERA EN EL TIEMPO

 

Iglesia parroquial sobre el caserío.
(Foto: Álvaro Sánchez González)

Madroñera es un municipio cacereño, situado entre las tierras de la meseta trujillano-cacereña y la Sierra de las Villuercas, atravesado por las aguas del Almonte y el Magasca, que nace en las sierras del pueblo. En su término, con una extensión de 139,9 kilómetros cuadrados, predomina el paisaje adehesado, combinando con olivares y tierras de labor. La interrelación de tierra y clima determina la vegetación natural, representada por un bosque esclerófilo mediterráneo, representado por dehesas de encinas, alcornoques, robles, melojos o rebollos, castaños y madroños, que dan nombre a la tierra, junto al matorral como la jara, retamas y el cantueso.

Sobre este municipio, el medio urbano y natural, su historia, arte y tradiciones y leyendas, versa el último libro de los cronistas oficiales de Trujillo, José Antonio Rubio Ramos, y de Casas de don Antonio, Óscar de San Macario.[1]

La población se dedica especialmente a la ganadería y el pastizal ocupa el 70 por ciento del término municipal. Destacan también los cultivos herbáceos y el olivar. En la ganadería sobresalen el ovino, porcino, bovino y caprino. El municipio está situado en una zona en la que se generan importantes caldos vinícolas, entre ellos los famosos vinos de pitarra de la Sierra de Arriba.

La configuración urbanística gira en torno a varias plazas que actúan como ensanchamientos y confluencias de calles, destacando la plaza del Rollo, señoreada por una picota magníficamente conservada. Algunas del siglo XIX mantienen aún en el dintel una inscripción con la fecha de construcción.

Los puentes que se conservan en el término son verdaderas obras de ingeniería y elementos de arquitectura vernácula que han servido de unión entre distintas culturas y facilitaron el paso de tropas y ganados trashumantes a lo largo de la Historia.  Entre ellos, destacan el puente de las Infantas, del XVI, a medio camino entre Trujillo y Madroñera, sobre el arroyo de las Águilas.

En Madroñera subsiste una cruz de término como monumento religioso, constituido por una cruz de piedra, situado en el cementerio.

Madroñera tiene su origen en el topónimo Madroñera con nombre derivado de un arbusto, el madroño. La abundancia de esta planta de hoja perenne favoreció que se conociese al lugar como la Villa de las Madroñeras.  En el entorno se han localizado importantes restos arqueológicos en distintos poblamientos pertenecientes a la Protohistoria. A tan solo 19 kilómetros destaca el castro-ciudadela de la Edad del Hierro de La Coraja, considerado uno de los grandes núcleos habitados desde la Prehistoria reciente cacereña, donde se han localizado numerosos restos del siglo IV a. de C. Hace veinticinco siglos, esta tierra fue ocupada por los vettones. En la carretera que conduce a Aldeacentenera, en la dehesa “El Romano”, se hallan los restos de una gran presa medieval que movía molinos valle abajo. La presencia romana se relaciona con la cercana Turgalium. Su historia medieval está ligada a la historia de Trujillo. En 1558 contaba con veinticuatro vecinos y pagó a la Corona 16.000 maravedíes por cada uno (392.000 maravedíes), pasando a ser villa de señorío en lugar de realengo. La presencia misionera de Madroñera en Iberoamérica queda representada por el sacerdote predicador Pedro Broncano, que llegó a la Florida en 1769. En 1834, la localidad se constituyó como municipio constitucional en la región de Extremadura e integrado en el partido judicial de Trujillo. Entre 1932 y 1933, el paro obrero provocó la ocupación de tierras por las sociedades locales, la Lealtad, la Unión y la de los Trabajadores de la Tierra. En 1936 ganó las elecciones el Frente Popular. Fernando Valera Aparicio, natural de la localidad, fue elegido diputado a Cortes por la circunscripción de Badajoz. El período de la guerra y la posguerra es duro y confuso y se vive con resignación.

Del patrimonio artístico, cabe destacar la iglesia parroquial de la Purísima Concepción, del siglo XVI, reformada en el XVIII. Presenta planta de cruz latina con nave única, brazos del crucero poco desarrollado y capilla mayor rectangular.

Entre las tradiciones populares y leyendas, sobresalen la fiesta de los Quintos, muy arraigada en la población; las Niñeras, fiesta popular que se celebra en Nochebuena, en la que participan las mujeres solteras a partir de los 15 años, que llevan al Niño Jesús de casa en casa; los Carnavales, que empiezan el jueves anterior con la tradición de “Las Comadres”; La Gira, que se celebra el Lunes de Pascua; y las fiestas patronales, que tienen lugar el primer domingo de agosto en honor a la patrona de la villa, la Virgen de Soterraña.

Florentino Escribano Ruiz escribe, finalmente, la leyenda “Las curanderas del hisopo.

--------------------------------------------------

[1] Vid.: Ramos Rubio, José Antonio y De San Macario Sánchez, Óscar: Madroñera en el tiempo, Diputación Provincial de Cáceres, Cáceres, 2022, 251 págs.


viernes, 17 de junio de 2022

MONSEÑOR MONTERO MORENO, LA ACADEMIA Y SEVILLA

 

Bodas de oro episcopales de Mons. Montero
(Web de la Junta)

    Conocí a don Antonio Montero cuando era obispo de Badajoz en el palacio episcopal de la plaza de Santa María de Cáceres. Los tres obispos extremeños (Coria-Cáceres, Plasencia y Badajoz) celebraban por primera vez una reunión conjunta para poner en común sus proyectos para una archidiócesis aún inexistente. Acudí al palacio invitado por el entonces obispo de Coria-Cáceres, monseñor Jesús Domínguez Gómez (Pilas, Sevilla, 25/09/1931; Cáceres, 26/10/1990), que fuere administrador apostólico de las otras dos diócesis extremeñas en períodos de sede vacante.

    Monseñor Antonio Montero Moreno (Churriana de la Vega, Granada, 28/08/1928; Cádiz, 16/06/2022), falleció ayer a los 93 años de edad en la ciudad andaluza donde pasaba largas temporadas, aunque residía en Sevilla.

    Hay una relación que no pasa de puntillas en las relaciones episcopales sevillanas y extremeñas. El primer arzobispo de la nueva Archidiócesis de Mérida-Badajoz, Antonio Montero Moreno, fue obispo auxiliar de Sevilla el 04/04/1969 hasta su nombramiento como obispo de Badajoz (3 de mayo de 1980-9 de julio de 2004) y primer arzobispo de Mérida-Badajoz desde el 28 de julio de 1994 hasta el 9 de julio de 2004, fecha en la que pasa a ser arzobispo emérito tras cumplir los 75 años y presentar su renuncia al Papa.

    En Extremadura, su obra no pasa inadvertida. El 24 de mayo de 1997 fue elegido académico de número de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, plaza de la que tomó posesión el 29 de abril de 2006 con un discurso de ingreso que versó sobre un obispo de Badajoz que llegó a la santidad: “Juan de Ribera, obispo de Badajoz, 1562-1568”, contestado por un sacerdote y sabio extremeño, que compartió con él labores en la Academia extremeña y que él se llevó a Sevilla para que organizara el archivo catedralicio, que yacía abandonado y polvoriento en el doblado del templo: Pedro Rubio Merino, archivero de la Iglesia y funcionario del Estado, canónigo archivero de Coria-Cáceres y de Sevilla, e hijo predilecto de Valdefuentes, quien comenzara su andadura en Cáceres a finales de los sesenta del pasado siglo, organizando el Archivo Histórico Provincial, entonces en el palacio de La Isla. Veinte años tardó don Pedro en organizar el archivo de la catedral sevillana, alternando sus trabajos de tarde y noche con los propios matinales, como funcionario estatal, en el Archivo de Indias, en la Audiencia Territorial y la Delegación de Hacienda. No podía ser otro que don Pedro quien contestara su discurso de ingreso. En el acto de su jubilación como archivero de la catedral, que tuvo lugar en la sala capitular de la catedral de Sevilla, estuvo presente monseñor Antonio Montero.

    Fue otro archivero de Cáceres, su sustituto, Antonio Rubio Rojas, junto a Antonio Viudas Camarasa, quien le propuso, y José Miguel de Mayoralgo y Lodo, quienes avalaron su candidatura para académico. Pasadas las 18:00 horas de ayer tarde, Jacinto Núñez Regodón, deán de la catedral de Plasencia, vicario de la diócesis placentina y catedrático de Teología Bíblica de la Universidad Pontificia de Salamanca, de la que el arzobispo era doctor honoris causa, comunicaba al académico extremeño Viudas Camarasa la noticia de su fallecimiento, que este hacía llegar a todos los académicos y correspondientes. Núñez Regodón le calificaba como “servidor bueno y fiel de la Iglesia”. El presidente Rodríguez Ibarra, al conocer su nombramiento como arzobispo, manifestó: “Conocí a un obispo y ya es arzobispo: vamos para arriba.” El presidente Fernández Vara destacó la labor de diálogo y consenso, que monseñor Antonio Montero realizó al frente del Arzobispado de Mérida-Badajoz en el acto que tuvo lugar para conmemorar sus bodas de oro episcopales el 19 de abril de 2019 (véase web de la Junta de Extremadura de 19/04/2019). Fue también el presidente Ibarra quien, por Decreto 116/2001, de 25 de julio, le otorgó la Medalla de Extremadura “por su dilatada carrera pastoral y sacerdotal y el amor y dedicación a Badajoz y Extremadura”. (DOE, núm. 38, de 31 de julio de 2001).

    Badajoz y Mérida le dedicaron calles en su honor.

    El obispo de Coria-Cáceres, Jesús Domínguez Gómez (1977-1990), además de ser sevillano de nacimiento, vino a Cáceres cuando era vicario episcopal en Sevilla.

    En la memoria está otro obispo que fuere de Coria, con parroquia a su nombre en Cáceres, beatificado por Juan Pablo II: Marcelo Spínola y Maestre (obispo de Coria, 1884-1886), de Málaga (1886-1895) y arzobispo de Sevilla y cardenal (1895-1906). Beatificado en San Pedro el 29 de marzo de 1987. Su festividad se celebra el 19 de enero.

    Cómo no recordar al obispo Pedro Segura y Sáenz (Carazo, Burgos, 1880; Madrid, 1957), obispo de Coria (1920-1926), fundador del Diario Extremadura el 1 de abril de 1923, que acompañó al rey Alfonso XIII durante la visita que realizare a Las Hurdes en junio de 1922; arzobispo de Burgos (1926-1927), arzobispo de Toledo y primado de España (1927-1931) y cardenal arzobispo de Sevilla (1937-1957).

    Otros obispos extremeños pasaron a ocupar la sede arzobispal de Sevilla: Pedro González de Mendoza (1474-1472), antes obispo de Calahorra, Sigüenza y Plasencia, nombrado cardenal por Sixto IV, pasó después a Toledo y recibió el título de “Gran cardenal de España”; Alonso Manrique (1523-1538), hermano de Jorge Manrique, antes obispo de Badajoz, de Córdoba e inquisidor general, nombrado cardenal por el papa Clemente VII en 1531; Cristóbal de Rojas y Sandoval (1571-1580), obispo de Oviedo, Badajoz y Córdoba; Pedro de Urbina y Montoya (1658-1663), antes obispo de Coria, capitán general, virrey y arzobispo de Valencia; Luis de Salcedo y Azcona (1722-1741), obispo de Coria y arzobispo de Santiago. El beato Marcelo Spínola fue antes obispo auxiliar de Sevilla como el fallecido arzobispo emérito de Mérida-Badajoz.

    En 2000, entrevisté al arzobispo de Mérida-Badajoz en vísperas de Semana Santa. Monseñor Antonio Montero me decía, entre otras cosas: “El Papa y nosotros pedimos perdón por muchas cosas: la intolerancia con los disidentes… Pedir perdón no es masoquismo; es resarcir a los ofendidos y atraer el perdón generoso… Ni nos creemos impecables ni negamos los pecados históricos de los hijos de la Iglesia.” (véase El Periódico Extremadura de 16/04/2000).

 

sábado, 11 de junio de 2022

EL CUARENTA DE MAYO YA PASÓ…


    El cuarenta de mayo constituye una forma de aludir al 9 de junio. “Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”, dice nuestro refranero, que recomienda permanecer abrigado hasta estar seguro de que ha desaparecido el tiempo frío. Se emplea cuando hace frío hasta en junio; es decir, de año en año. El cuarenta de mayo cae el 9 de junio (teniendo en cuenta que el mes de mayo tiene 31 días): pero, evidentemente, esta advertencia meteorológica no es exacta y no quiere decir que a partir del 10 de junio entre el calor y ya se pueda ir desabrigado.

    Estamos a 11 de junio y el cambio climático y las persistentes agresiones del hombre a la naturaleza han provocado las subidas de las temperaturas, los incendios forestales por la sequedad del terreno y los pastos secos, tea de las llamas, que queman nuestros montes y se cobran daños humanos y materiales. El cuarenta de mayo ya pasó y estamos inmersos en una ola de calor impropia de este tiempo, cuando ni el verano hubiere llegado.

          “Hasta el cuarenta de mayo

            No te quites el sayo;

            Y si vuelve a llover,

            Vuélvetelo a poner.” [1]

    El autor lo registra junto a otras dos variantes: “Hasta el cuarenta de mayo/ no te quites el sayo;/ y si el tiempo es importuno,/ hasta el cuarenta de junio;/ y si junio es ruin,/ hasta su fin.”

    A este refrán, compendio de la filosofía castellana del pueblo, parece oponerse este otro recogido por Luis Junceda: “Nueve meses de invierno y tres de infierno”; es decir, referido al clima de Castilla: extremadamente frío en invierno y excesivamente cálido en verano. [2]

   Es rico nuestro refranero en la meteorología. El pueblo sabio no necesitare partes meteorológicos, ni tan largos como los diere Carlos Benito en Canal Extremadura TV ni tan breves como los de Roberto Brasero en Antena 3 TV. Los agricultores abrían al amanecer, o aun antes, las jambas de sus ventanas y, ya por las nubes, ya por el viento, supieren a qué atenerse y el tiempo que les brindare el día.

      Así, “El mal año entra nadando”, o mal augurio meteorológico; en el mes de enero, entra el sol, en cada reguero; (es decir, en cada arroyo); febrero corto, el peor de todos (mal tiempo); cuando marzo vuelve el rabo, no queda oveja con pelleja, ni pastor deszarramado (porque los últimos días de este mes, el rabo, suelen ser muy crudos); a quince de marzo da el sol a la sombra y canta la alondra (da el sol en lo que hasta poco era umbría); en abril, aguas mil (lluvia); abril concluido, invierno ido (cambio de tiempo); agua por San Juan, quita vino y no da pan (24 de junio, alude al mal augurio de las cosechas). Véase Rodríguez Marín.

    El refranero popular extremeño es muy rico en la meteorología. Así lo recoge Emilio Díaz en su Refranero [3]: Enero, frío o templado, pásalo arropado (consejos de abrigo); agua en febrero, mata al usurero (buen augurio); el agua de marzo riega y la de mayo, quema (referido a la lluvia); bienvenido sea abril, que trae las llaves del toril (buen tiempo); en mayo pasa la mosca de la vaca al caballo (buen tiempo para los animales de pastoreo); tarde o temprano, por san Juan ya es verano (buen tiempo por san Juan, en junio); julio normal seca el manantial (tiempo seco); en verano, todos al pantano (calor) el día del Cristo, fuera siesta y abanico (14 de septiembre, tiempo fresco).

     Luis Junceda nos ofrece también un amplio repertorio de meteorología [4]: Heladas de enero, nieves de febrero, mollina de marzo, lluvias de abril, aires de mayo, sacan hermoso el año (tal sería el tiempo deseable en estos meses del año para que la cosecha diera buenos y abundantes frutos); si en enero canta el grillo, en agosto poco triguillo (porque ello es signo de temperaturas anómalas, que afectarán negativamente a la cosecha. Y es que ya se sabe que enero caliente, el diablo trae en el vientre); sol de marzo, que parece que sale y da mazada (al igual que los que le preceden, este refrán consiste en condenar ahora, por dañino, el tibio sol de marzo); en abril, cada gota vale por mil (Se dice porque en este mes la lluvia favorece decisivamente el crecimiento de los sembrados); abril y mayo, las llaves de todo el año (porque durante estos meses fructifica el campo, de tal manera que las cosechas, buenas o malas, vienen determinadas por el tiempo atmosférico); en junio, hoz de puño (en un antiguo refrán propio de las culturas mediterráneas, donde los cereales, sobre todo el trigo, eran la base de la alimentación, se dice que en este mes es cuando se siega el cereal);  la lluvia de julio hace madera (existe la creencia de que las lluvias caídas este mes favorecen el desarrollo de los árboles); cuando llueve en agosto, llueve miel y mosto (cuando la lluvia en ese mes cae con moderación es muy beneficiosa para las vides y, por lo tanto, para la cosecha de mosto); en otoño, la mano al moño (dícese en alusión a los fuertes vientos que suelen soplar en esta estación); en invierno no hay mejor amigo que la capa (se atribuye a Sócrates el origen de  este refrán. Sin que nadie lo advirtiese, el filósofo había pasado aquel invierno desprovisto de capa, y como quiera que, entrado ya el verano, uno de los discípulos diese en ponderar el número de amistades que tenía el maestro, este ironizó: “Así parece; pero desengáñate: en invierno no hay mejor amigo que una capa”); noviembre tronado, malo para el pastor y peor para el ganado (porque cuando empiezan las tormentas de invierno, el pastor ha de limpiar los corrales para resguardar su rebaño y protegerlo del frío).

------------------------------------

[1] Vid.: Rodríguez Marín, Francisco: Los refranes del almanaque, Imprenta de Francisco D. Díaz, Sevilla, 1896, pág. 108.

 [2] Vid.: Junceda, Luis: Diccionario de refranes, prólogo de Gonzalo Torrente Ballester, Banco Bilbao Vizcaya, Espasa Calpe, Madrid, 1995, pág. 377.

[3] Vid.: Díaz Díaz, Emilio: Refranero popular extremeño, Universitas, Badajoz, 1991.

 [4] Vid.: Ob. cit. de Luis Junceda.