viernes, 17 de junio de 2022

MONSEÑOR MONTERO MORENO, LA ACADEMIA Y SEVILLA

 

Bodas de oro episcopales de Mons. Montero
(Web de la Junta)

    Conocí a don Antonio Montero cuando era obispo de Badajoz en el palacio episcopal de la plaza de Santa María de Cáceres. Los tres obispos extremeños (Coria-Cáceres, Plasencia y Badajoz) celebraban por primera vez una reunión conjunta para poner en común sus proyectos para una archidiócesis aún inexistente. Acudí al palacio invitado por el entonces obispo de Coria-Cáceres, monseñor Jesús Domínguez Gómez (Pilas, Sevilla, 25/09/1931; Cáceres, 26/10/1990), que fuere administrador apostólico de las otras dos diócesis extremeñas en períodos de sede vacante.

    Monseñor Antonio Montero Moreno (Churriana de la Vega, Granada, 28/08/1928; Cádiz, 16/06/2022), falleció ayer a los 93 años de edad en la ciudad andaluza donde pasaba largas temporadas, aunque residía en Sevilla.

    Hay una relación que no pasa de puntillas en las relaciones episcopales sevillanas y extremeñas. El primer arzobispo de la nueva Archidiócesis de Mérida-Badajoz, Antonio Montero Moreno, fue obispo auxiliar de Sevilla el 04/04/1969 hasta su nombramiento como obispo de Badajoz (3 de mayo de 1980-9 de julio de 2004) y primer arzobispo de Mérida-Badajoz desde el 28 de julio de 1994 hasta el 9 de julio de 2004, fecha en la que pasa a ser arzobispo emérito tras cumplir los 75 años y presentar su renuncia al Papa.

    En Extremadura, su obra no pasa inadvertida. El 24 de mayo de 1997 fue elegido académico de número de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, plaza de la que tomó posesión el 29 de abril de 2006 con un discurso de ingreso que versó sobre un obispo de Badajoz que llegó a la santidad: “Juan de Ribera, obispo de Badajoz, 1562-1568”, contestado por un sacerdote y sabio extremeño, que compartió con él labores en la Academia extremeña y que él se llevó a Sevilla para que organizara el archivo catedralicio, que yacía abandonado y polvoriento en el doblado del templo: Pedro Rubio Merino, archivero de la Iglesia y funcionario del Estado, canónigo archivero de Coria-Cáceres y de Sevilla, e hijo predilecto de Valdefuentes, quien comenzara su andadura en Cáceres a finales de los sesenta del pasado siglo, organizando el Archivo Histórico Provincial, entonces en el palacio de La Isla. Veinte años tardó don Pedro en organizar el archivo de la catedral sevillana, alternando sus trabajos de tarde y noche con los propios matinales, como funcionario estatal, en el Archivo de Indias, en la Audiencia Territorial y la Delegación de Hacienda. No podía ser otro que don Pedro quien contestara su discurso de ingreso. En el acto de su jubilación como archivero de la catedral, que tuvo lugar en la sala capitular de la catedral de Sevilla, estuvo presente monseñor Antonio Montero.

    Fue otro archivero de Cáceres, su sustituto, Antonio Rubio Rojas, junto a Antonio Viudas Camarasa, quien le propuso, y José Miguel de Mayoralgo y Lodo, quienes avalaron su candidatura para académico. Pasadas las 18:00 horas de ayer tarde, Jacinto Núñez Regodón, deán de la catedral de Plasencia, vicario de la diócesis placentina y catedrático de Teología Bíblica de la Universidad Pontificia de Salamanca, de la que el arzobispo era doctor honoris causa, comunicaba al académico extremeño Viudas Camarasa la noticia de su fallecimiento, que este hacía llegar a todos los académicos y correspondientes. Núñez Regodón le calificaba como “servidor bueno y fiel de la Iglesia”. El presidente Rodríguez Ibarra, al conocer su nombramiento como arzobispo, manifestó: “Conocí a un obispo y ya es arzobispo: vamos para arriba.” El presidente Fernández Vara destacó la labor de diálogo y consenso, que monseñor Antonio Montero realizó al frente del Arzobispado de Mérida-Badajoz en el acto que tuvo lugar para conmemorar sus bodas de oro episcopales el 19 de abril de 2019 (véase web de la Junta de Extremadura de 19/04/2019). Fue también el presidente Ibarra quien, por Decreto 116/2001, de 25 de julio, le otorgó la Medalla de Extremadura “por su dilatada carrera pastoral y sacerdotal y el amor y dedicación a Badajoz y Extremadura”. (DOE, núm. 38, de 31 de julio de 2001).

    Badajoz y Mérida le dedicaron calles en su honor.

    El obispo de Coria-Cáceres, Jesús Domínguez Gómez (1977-1990), además de ser sevillano de nacimiento, vino a Cáceres cuando era vicario episcopal en Sevilla.

    En la memoria está otro obispo que fuere de Coria, con parroquia a su nombre en Cáceres, beatificado por Juan Pablo II: Marcelo Spínola y Maestre (obispo de Coria, 1884-1886), de Málaga (1886-1895) y arzobispo de Sevilla y cardenal (1895-1906). Beatificado en San Pedro el 29 de marzo de 1987. Su festividad se celebra el 19 de enero.

    Cómo no recordar al obispo Pedro Segura y Sáenz (Carazo, Burgos, 1880; Madrid, 1957), obispo de Coria (1920-1926), fundador del Diario Extremadura el 1 de abril de 1923, que acompañó al rey Alfonso XIII durante la visita que realizare a Las Hurdes en junio de 1922; arzobispo de Burgos (1926-1927), arzobispo de Toledo y primado de España (1927-1931) y cardenal arzobispo de Sevilla (1937-1957).

    Otros obispos extremeños pasaron a ocupar la sede arzobispal de Sevilla: Pedro González de Mendoza (1474-1472), antes obispo de Calahorra, Sigüenza y Plasencia, nombrado cardenal por Sixto IV, pasó después a Toledo y recibió el título de “Gran cardenal de España”; Alonso Manrique (1523-1538), hermano de Jorge Manrique, antes obispo de Badajoz, de Córdoba e inquisidor general, nombrado cardenal por el papa Clemente VII en 1531; Cristóbal de Rojas y Sandoval (1571-1580), obispo de Oviedo, Badajoz y Córdoba; Pedro de Urbina y Montoya (1658-1663), antes obispo de Coria, capitán general, virrey y arzobispo de Valencia; Luis de Salcedo y Azcona (1722-1741), obispo de Coria y arzobispo de Santiago. El beato Marcelo Spínola fue antes obispo auxiliar de Sevilla como el fallecido arzobispo emérito de Mérida-Badajoz.

    En 2000, entrevisté al arzobispo de Mérida-Badajoz en vísperas de Semana Santa. Monseñor Antonio Montero me decía, entre otras cosas: “El Papa y nosotros pedimos perdón por muchas cosas: la intolerancia con los disidentes… Pedir perdón no es masoquismo; es resarcir a los ofendidos y atraer el perdón generoso… Ni nos creemos impecables ni negamos los pecados históricos de los hijos de la Iglesia.” (véase El Periódico Extremadura de 16/04/2000).

 

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