No fuere ya uno de los
tres jueves del año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y
la Ascensión; pero rezuma este Jueves las significaciones todas del
cristianismo. Principia el Triduo Pascual hasta el Domingo de Pascua. Termina
la Cuaresma pasada la hora nona (tres de la tarde), a partir de la cual se
celebran los Santos Oficios. El color blanco sustituye al morado del ciclo
litúrgico anterior. Suenan las campanas de gloria, que no volverán a repicar
hasta la vigilia pascual del Sábado Santo. El obispo ha bendecido por la mañana
en la catedral el Santo Crisma y los óleos para administrar los sacramentos del
bautismo y la confirmación, la consagración de obispos y ordenación de
sacerdotes, la dedicación de iglesias o de nuevos altares. Los sacerdotes
renuevan las promesas de su ordenación en torno al pastor como signo de
comunión de su ministerio con él.
En los Santos Oficios, el sagrario está vacío; la puerta,
abierta; el altar se adorna con cirios, manteles, pero sin flores, hasta la
Pascua. El Jueves Santo se conmemora la institución de la eucaristía, el orden
sacerdotal, el día del amor fraterno... "Tomad y comed, este es mi cuerpo,
que será entregado por vosotros. Del mismo modo, tomó el cáliz y se lo dio a
sus discípulos diciendo: tomad y bebed todos de él, porque esta es mi sangre,
sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por
muchos para la remisión de los pecados. Haced esto en conmemoración mía."
(Mt. 26: 28-29; Mc, 14:22-25; Lc. 22: 19-20). La eucaristía como presencia real
de Cristo entre los hombres, como comunión con Él y prenda de gloria futura.
Próxima ya la agonía de Getsemaní, la traición de Judas, el
prendimiento..., el Maestro que eligió a los doce apóstoles, dice en la Última
Cena: "Haced esto en memoria mía." (Lc. 22: 14-20). Les ordena
sacerdotes para perpetuar sus enseñanzas. En la Pascua de Resurrección les
confiere el poder de perdonar los pecados y las funciones de santificar y
gobernar su Iglesia.
Más aún: Jueves Santo, o día del amor fraterno, el
simbolismo del lavado de pies a los apóstoles; el amor como servicio y
solidaridad. Relata el Evangelio de San Juan: "Durante la Cena..., se
levantó de la mesa, echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los
discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura... Si yo, que
soy el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis
lavaros los pies unos a otros. Os he dado el ejemplo, para que hagáis lo mismo
que yo he hecho con vosotros." (Jn., 3: 1-15).
Cae la noche sobre
la Santa Ciudad de Jerusalén. Aun acompañado, el Señor se encuentra solo;
siente la angustia de la traición de uno de los suyos; presiente la muerte, tan
cercana; pero se encamina al encuentro con el Padre para cumplir su voluntad.
Camina con los suyos hacia Getsemaní, el Huerto de los Olivos, tras el torrente
de Cedrón, que da frente a las murallas de la ciudad, a la espera del
cumplimiento de las Escrituras. "Mi alma está triste hasta la muerte.
Quedaos aquí y velad... Velad y orad para no caer en la tentación...", hasta
que llegó la hora. "Levantaos, vamos, ya está cerca el que me entrega... Y
todos le abandonaron y huyeron." (Mc., 14: 32-52).
En los Santos Oficios, terminada la misa de la Última Cena,
el Santísimo se traslada hacia el Altar de la Reserva o Monumento, fuera del
presbiterio y de la nave central, al no haber celebración el Viernes Santo. El
oficiante deposita el copón con el Santísimo, cubierto con el conopeo; ora unos
instantes, cierra la puerta del sagrario, lo inciensa y se retira. Canta el
pueblo el "Pange lingua, gloriosi/ corporis mysterium/ sanguinisque
pretiosi,/quem in mundi pretium/ fructus ventris generosi/ rex effudit gentium,"
(Canta, oh lengua/ el misterio del cuerpo glorioso/ y de la sangre preciosa/
que el rey de las naciones/ fruto de un vientre generoso/ derramó en rescate
del mundo..." En la calle, todavía reluce el Sol --pronto aún para
esconderse--, en la velada de Pasión que principia en los Adarves cacereños
(Puerta de Mérida, Padre Rosalío, Santa Ana y la Estrella), cuando el Nazareno se
asome en la próxima madrugada por ellos --como hoy el Cristo Negro--, tal la Vía Dolorosa de Jerusalén, que a Él le
llevare al Paraíso..., marcándonos a los cristianos entre palmeras el camino
del cielo...
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