domingo, 28 de junio de 2009

EL AMARGO SABOR DE LAS VICTORIAS

Nos ha dado el día tres victorias: las del Cerro de Reyes y el Cacereño, con su ascenso a 2ª B; la de la Selección Nacional de Fútbol, clasificada en tercera posición en la Copa Confederaciones. Tres victorias para una mayoría que las hace propias, las festeja y eleva su autoestima. No hubiere extremeño, aun sin ser aficionado, que no se alegre de este doble triunfo de los equipos más representativos de sus ciudades; ni quizás español que no festeje los goles de Güiza y Alonso, aun con la hiel de no haber disputado la final ante Brasil.

“Hemos vencido”, como dijo el heraldo ateniense Filípides tras recorrer en solo dos días la distancia entre Maratón y Esparta (240 kilómetros) y posteriormente desde Maratón hasta Atenas (42 kilómetros) para dar la noticia de la victoria ante los persas y caer desfallecido, más por las heridas de la batalla que por su veloz carrera.

La historia de Filípides, que dio origen a la maratón, prueba estrella de las Olimpiadas, subsume desde el 490 a. d. C. la miel y la hiel de las victorias; la dulzura de quienes, haciéndolas propias un tiempo, se ríen de la derrota del adversario sin saber que la derrota estará al caer un día, y entonces aquélla se trocará en amargura.

Las victorias de hoy son como el dulce seco con almendras amargas. Hay aficionados que se alegran más de la derrota del adversario que de la victoria propia, como si en ésta le fuera la propia y en la derrota, su victoria. Triste sino el de aquellos condenados a vivir deseando no la victoria, sino la derrota de sus adversarios, porque más dura será su caída.

En el fútbol, como en la vida, se alinean cada día estos dos equipos: los que siempre buscan la victoria y quienes, dejándose arrastrar por la corriente, desembarcan en el océano de su propia derrota. Los primeros participan en la maratón de la vida en búsqueda de la meta final; los segundos serán siempre los últimos, porque no han tenido para sí mismos, ni en solitario ni en equipo, el hambre y la sed de victoria.

A muchos otros, en cambio, nada les dicen victorias ni derrotas que les son ajenas, porque nada les va ni les viene ni en las unas ni en las otras. Son aquéllos que, por múltiples circunstancias de la vida, no pueden participar en la maratón de la propia, ni morir en la meta con la dignidad de Filípides: los parados sin futuro, los jóvenes sin empleo, los ancianos solos y desvalidos, los sedientos de justicia sobre la tierra… ¿Qué puede decirles a ellos una victoria deportiva si tan solo desearen la victoria de su dignidad de hombres y mujeres libres, que nunca lograrán por los caminos pedregosos por donde una sociedad insolidaria les invita a recorrer la maratón de sus vidas…?

La victoria deportiva logra, a veces, lo que no consigue la propia sociedad organizada: elevar la autoestima tan necesaria para lograr la propia en la vida; el disgusto de la derrota resulta, en cambio, tan pasajero como la vida misma, porque la honra y el honor no residen tanto en victorias de equipos o selecciones, sino en la victoria de la dignidad de todos los seres humanos.

En la alegría compartida por tantos, nos alegramos de las victorias de un día, que no pueden ser para siempre, porque en el deporte, como en la vida misma, unas veces se gana y otras se pierde; pero que las victorias no sean siempre de los mismos y las derrotas, de los más, porque entonces nadie podrá colgarse medallas ajenas, sino tan solo los atletas que las lograron en buena lid deportiva. Y entonces las victorias de unos pocos será su propia derrota en la maratón de sus vidas.

miércoles, 24 de junio de 2009

UNA VENTANA DE CÁCERES


Hubieren pasado décadas y su ventana permanecerá siempre abierta; en su voz y en sus escritos. Fernando García Morales, decano de los periodistas cacereños, es la ventana permanentemente abierta al pasado de su ciudad. Primero fue su voz, aún firme y viva, en la radio: Radio Cáceres, La Voz de Extremadura; luego, sus vivencias, su crítica, su indulgencia, una pasión abierta por Cáceres en el Diario Extremadura, en el semanario Cáceres, en el diario Hoy hasta su jubilación.

Fernando García Morales es la historia y la anécdota del Cáceres de los últimos setenta años; el conversador ameno, vivencial, que extrapoló a los medios en los que sirvió su amor por su ciudad, el conocimiento de quien la vive, la ama y, por ello, la sufre; el tertuliano que ponía la guinda al pastel; una lengua y una pluma trocadas en contar la intrahistoria de Cáceres, la anécdota trascendida a categoría de historia.

Era ateneísta siendo niño; fundó con otros el nuevo Ateneo de Cáceres; contertuliano con escritores de la preguera y posguerra; fue tertuliano en la radio; pregonero de la patrona; fundador de la Asociación de Periodistas de Cáceres, en la que compartimos y gozamos hoy de su presencia siempre sabia.

Fernando es el decano no solo de los periodistas cacereños, sino de una voz viva que no apaga la de sus compañeros dejados en el camino. García Morales fue la “Ventana abierta” a la ciudad, publicada durante años en su último periódico; la ventana con la que cerraba su escritorio y que cada mañana nos daba el respirar de la ciudad.

Socarrón donde los hubiere, ríe las anécdotas antes de que las rían sus propios interlocutores. En el fondo, quien vivió días en el Amazonas, recordaba siempre a la ciudad sin río, la belleza condensada en su casco intramuros, Patrimonio de la Humanidad, y tornaba siempre a ella para escribir desde su “Ventana abierta” lo que veía, vivía, pensaba, medía, condensaba, traducía y componía para los cacereños. Su ventana, siempre abierta; a su lado, siempre el asentimiento de Mely. Como el de tu Cáceres hoy, Fernando, contigo. ¿O acaso habrá alguien que se atreva a cerrar tu ventana para que no veamos la limpia luz de nuestra ciudad, compañero, amigo…?

lunes, 22 de junio de 2009

CIERTO ARTE DE LO IMPOSIBLE

Lo posible no es nunca imposible. Si la política es el arte de lo posible, por qué algunos ven ahora lo posible como imposible. El arte de lo posible es vertebrar la democracia como el mejor vehículo para la conquista de los sueños de las clases más desfavorecidas; es decir, hacer posible lo imposible.

Ya Aristóteles definía la política como el buen gobierno a favor del bienestar general, suprimiendo cualquier interés particular. Para Dante, la política debe conquistar la paz para contrarrestar los males de las ilegalidades.

En la situación actual, por boca de algunos políticos, pareciere que no es posible hacer posible lo imposible. En los cambios de ciclos económicos, lo posible lo es para los de siempre, que pescan a río revuelto para obtener más ganancias para sí; pero que lo fuere también para determinados politiquillos de ocasión, da la estatura de su escasa talla política.

No es posible predicar y no dar ejemplo. No es posible andar todo el día crispando la vida pública con acusaciones sectarias e interesadas, para socavar los cimientos del adversario y la moral del buen hacer político: el de quienes ejercen la función pública como el arte de lo posible, aunque parezca imposible.

Quienes cada día propalan los ‘males ajenos’, se olvidan de los propios. Siglos hubieren ellos para hacer la política que postulan: hacerlo todo en cuatro años, para que los que siempre mandaron continúen llevando el bastón de mando, porque en él les va su vida y su riqueza, pero también la desesperanza de los que nunca fueron atendidos por esa clase política, que no miró por el bien general, sino por el particular…, es simplemente jugar sucio.

El nuevo arcoiris cambia el escenario. No es que las promesas se las lleve el viento para quienes, políticos de verdad, hubieren deseado llevar adelante la política enunciada. No es, tampoco, que el arte de lo posible se troque en imposible, sino en hacer posible lo que pareciere imposible.

Los politiquillos de la crispación son como falsos profetas que anunciaren el fin del mundo cuando cosas posibles antes se trocan en lo que ellos denominan “parálisis”, “incumplimentos”, “engaños”, “incapacidad”… ¿Buscaron sus ascendientes lo que ahora predican, o quizá se alegran del mal del prójimo porque a ellos les beneficiare?

Ha cambiado Extremadura en treinta años lo que no se pudo ver durante siglos. Tuvo la derecha oportunidades mil de hacer lo que predica; sin embargo, al azuzar a la izquierda, lo único que hace es tirar piedras contra su propio tejado, porque la derecha no asume la política como “el arte de lo posible”, sino solo como la posibilidad de arrebatar un poder que considerare exclusivo y excluyente, sin importarle para nada que, en tiempos de vacas flacas, también la política “es hacer posible lo imposible”.

Lo posible, ahora, no es cambiar el paso ni el modelo, sino asumir las prioridades, como una autovía para “el arte de lo posible”. Se trata de reajustar la oferta electoral para no caer en la tentación de pretender abarcarlo todo y no hacer nada. Es lo que predica la derecha; pero ya dijo alguien: “Haced lo que dicen los predicadores, pero no hagáis caso de lo que hacen.”

Hay muchos politiquillos arrogantes que dicen ser los ungidos de Dios; pero estos ungidos han llegado al punto de dirigir vidas y haciendas, salvar o condenar a personas y establecer hegemonías dictatoriales. Ya lo advertía el Evangelio: “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, para inducir a error, si posible fuera, a los mismos elegidos.” (Mt, 24: 11-24).

Predican, en fin, lo que dice la parábola de la cizaña, para tratar de hacer imposible lo posible y no hacer posible lo imposible. De ellos podrá ser el reino de la tierra, pero nunca el de los cielos, porque en sus palabras predomina su propia confusión y verdad, como falsos predicadores que abogan en un sitio por unas cosas y en otros por la contraria, según de donde sople el viento.