domingo, 11 de julio de 2010

CUATRO LECTURAS POLÍTICAS PARA UN SÍ” POR ESPAÑA

En uno de los principales templos de la cultura de Cáceres, el Complejo Cultural S. Francisco, se ofrecieron el viernes por la tarde cuatro lecturas políticas para quienes quieran escuchar y recordar en tiempos como los que vivimos.

Centraba el acto la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, que habló del pasado, del presente y del futuro; el secretario regional del PSOE, Guillermo Fernández Vara, que habló, como siempre, con el lenguaje de la razón y el sentido común; el secretario provincial del PSOE, Juan Ramón Ferreira, quien se refirió, en sus reflexiones políticas y diplomáticas, al estado vivo de la política y del partido; y a la secretaria local, quien aludió al lenguaje de la izquierda, que ha de ser entendible, para no confundirse con los seudoprogresistas que utilizan la doble moral de conservadores y progresistas.

Los tres primeros oradores se centraron en la realidad del presente. Para Ferreira, quien mañana lunes concluye su ronda de encuentros con los dirigentes locales de la provincia, “el PSOE está activo y vivo”, “hemos asumido la responsabilidad que nos ha tocado”; confió en que los ciudadanos valorarán los esfuerzos de los gobiernos socialistas y animó a la movilización para desenmascarar las tretas de los adversarios.

Es, en fin, la doble moral que utiliza la derecha al manifestarse las más de las veces como lo que es, conservadora, y en otras progresista, como pretende aparentar, según Heras.

Vara, con la lógica que le caracteriza, dijo verdades como puños: la defensa de los intereses generales frente a los particulares que defienden los socialistas, porque “los que vociferan no defienden a la mayoría social”. La oposición, dijo, solo ofrece el “no”, porque “cuanto peor vayamos, mejor”; Europa es un pacto y nuestro destino; la clase trabajadora necesita a los sindicatos; o somos parte del problema o somos parte de la solución; antes hablamos de derechos y hoy, también de deberes; tiempos vendrán en que se creerá más a aquellos que te dan y piden a la vez; “no me resigno a vivir con 110.000 parados”; la oposición es el partido del “no” y España necesita el sí; los parados no son, ni pueden ser un número…

Trinidad Jiménez, ministra de Santidad y Política Social, recordó los derechos sociales y las prestaciones públicas logrados por los gobiernos socialistas; las leyes de genero, dependencia, las pensiones mínimas, la renta básica de emancipación, las viviendas protegidas; el crecimiento del SMI en un 35 por ciento; la subida a los funcionarios, que el PP congeló, en un 17 por ciento… Conviene recordar para no olvidar y que no nos confundan, porque a veces se olvida el largo camino andado y los derechos consolidados que dieron a los españoles más necesitados los gobiernos socialistas.

En momentos difíciles, vino a decir, hay que defender lo construido, y estar al lado de los parados. El Gobierno ha asumido la responsabilidad de sacar a España de la crisis, aun tomando decisiones que no son populares. La oposición no aporta soluciones; luego, no puede ser parte de la solución…

Lo fácil es encogerse de hombros y no asumir la parte alícuota de responsabilidades; echar la culpa a los otros, cuando nos toca a todos; cargar las tintas sobre un gobierno, olvidándose de lo que no hicieron los demás cuando gobernaron y hacen hoy cuando son oposición: la insumisión frente a las decisiones de la soberanía popular; frenar en los tribunales lo que se pierde en el Parlamento; decir “no” a todo, aunque se pone en peligro al propio Estado; todo con tal de confundir, de engañar al que no sabe; de distraer a quienes nada pueden esperar de ellos, porque históricamente se han manifestado como lo que son: lobos con piel de cordero en una España que dicen defender, pero que niegan con su conducta diaria.

EL FÚTBOL COMO TEMA LITERARIO

Ante la celebración del Mundial de Sudáfrica, que hoy concluye con la final Holanda-España, la Revista de Occidente ha publicado un monográfico sobre el “deporte rey” en el que escritores, periodistas y sociólogos reflexionan sobre los distintos aspectos del fútbol en cuanto sobresaliente fenómeno de la cultura global de nuestros días. Explican fenómenos simbólicos y rituales de lo que hace tiempo es algo más que un mero espectáculo, su valor como representación de una sociedad y una época, y analizan su extendida pasión.

Dos aficiones y dos países, y medio mundo, están hoy pendientes del resultado final de un partido de fútbol, que dará la gloria al vencedor y el consuelo de las lágrimas a los perdedores. Como cualquier pasión desmedida, y a veces irrefrenable, el fútbol, lejos de ser un opio del pueblo, se constituye en una religión más de un país, que religa para sí mismo una pasión y devoción que va más allá de la del fin de semana de las vicisitudes del equipo de cada cual. La selección aúna en sí símbolos de un pueblo por encima de la particularidad de un equipo. La selección es universal como el equipo es particular.

El británico Kipling y el argentino Jorge Luis Borges marcaron las distancias entre fútbol y literatura; pero, desde hace unos años, cambió la percepción de los escritores, quienes no solo se declararon aficionados de lo que sucedía en las canchas, sino que tradujeron en palabras el juego más practicado en todo el mundo, el deporte rey.

La literatura española dio ya durante el siglo XX numerosos ejemplos en los que el fútbol fue analizado en todos los géneros posibles: la poesía, el teatro, el artículo periodístico, el ensayo…, como una prolongación de una pasión que vehicula todos los aspectos de la vida de un aficionado.

El 20 de mayo de 1928 se disputaba en Santander la final de la Copa de España entre el F. C. Barcelona y la Real Sociedad. Serán necesarios tres partidos para saber quién será el campeón, porque entonces no existía el lanzamiento final de penalties. En el primero de los partidos, disputado ese día, el portero del Barça, Platko, se convierte en héroe por su comportamiento. Avanza el delantero centro de la Real, Cholín, hacia la portería y, cuando el gol parecía inevitable, el guardameta sale a sus pies, contiene el tiro y recibe el golpe destinado al balón. Platko quedó conmocionado y hubo de retirarse del terreno de juego para recibir seis puntos de sutura. Platko volvió al juego con un aparatoso vendaje que perdería en el transcurso de la batalla. El poeta Rafael Alberti, presente como espectador, queda impresionado y compone la “Oda a Platko”, que dedica a Samitier, quien marcó el gol de la victoria, que dice en uno de sus versos:

“Sangrando en los ojales,
Sangrando por ti, Platko
Por tu sangre de Hungría,
Sin tu sangre, sin tu impulso, tu parada, tu salto,
Temieron las insignias.”

No quedó, sin embargo, la oda de Alberti sin respuesta, porque Gabriel Celaya respondió con su “Contraoda”, en la que testimoniaba que su equipo, la Real, había hecho méritos bastantes para ganar el partido, y achacaba la derrota no a la gran actuación de Platko, sino a la deficiente actuación arbitral.

“Y recuerdo también nuestra triple derrota
En aquellos partidos contra el Barcelona
Que si nos ganó, no fue gracias a Platko
Sino por diez penaltis claros que nos robaron.”


En “Elegía al guardameta”, dedicada a Lolo, portero del Orihuela, su pueblo natal, Miguel Hernández canta su muerte tras estrellarse contra uno de los postes de la portería, tras una larga estirada. Hernández se recrea en la acción del salto, la impresionante palomita que sorprende al fotógrafo en el aire y que le permite “tumbarse en el viento para evitar victoria”. Dice el poeta:

“Combinada la brisa en su envoltura
Bien, y mejor chutada,
La esfera terrenal de su figura
¡cómo! fue interceptada
Por lo pez y fugaz de tu estirada.”

Maradona, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, ha perdido en este Mundial como seleccionador argentino los laureles que lograra como jugador. En 2008, Mario Benedetti le regaló este poema titulado “Hoy tu tiempo es real”.

“Vida tuya tendrás y muerte tuya
Ha pasado otro año, y otro año
Le has ganado a tus sombras, aleluya.”

Albert Camus, premio Nobel de Literatura 1957, fue un excelente jugador y gran aficionado al fútbol en Argel. Le gustaba el juego, un deporte que unía a católicos y musulmanes, el ímpetu, la pasión de la victoria y el poso amargo de la derrota. Cuanto sabía de ética lo había aprendido en los campos de fútbol. Para él,”toda la filosofía de la vida se reduce a aquella que se aprende en la zona en la que el gol es la culminación de un destino común”.

Nuestro dramaturgo Manuel Martínez Mediero --socio de pago del C. D. Badajoz, “porque algún calvario ha de tener uno en esta vida”, dijo en el Teatro Romano al recibir la Medalla de Extremadura-- en su obra “Heroica del domingo” (Obras completas, vol. V, 1984), aborda la antimitología de los futbolistas, en la que “Pantera Fernández” es un meta de “manos blandas” que encaja muchos goles y que se encuentra a punto de colgar las botas. En su obra narra su mundo de vanas esperanzas, de ilusiones frustradas, la pérdida de su juventud para realizar el sueño de su vida: montar un bar con luces de neón para poder comentar a los clientes los goles del domingo en la moviola.

El escritor mejicano Juan Villoro afirma que, cada cuatro años, “Dios es redondo”. Roa Bastos narra en “El crack” la historia de Goyo Luna, delantero izquierdo del Sol de América, que vuelve desde la muerte para librar su último partido. Borges odiaba el fútbol (“esa cosa estúpida de ingleses”), pero en su cuento “Esse est percipi” (Ser es ser percibido), escrito con Bioy Casares, defiende que el fútbol ha dejado de existir y solo vive en la imaginación de los comentaristas deportivos. Vázquez Montalbán llevó a su detective Pepe Carvalho a las entrañas del mundo futbolero en su obra “El delantero centro fue asesinado al atardecer”. Kapuscinski narró el conflicto armado entre Honduras y El Salvador en 1969, cuando sus selecciones nacionales se jugaban la calificación del Mundial de Fútbol México 1970, en la que hubo más de 10.000 bajas.

El fútbol es más que una evasión, pero no la de la fuga de los aliados narrada por Jhon Huston en su película “Evasión o victoria” (1981), sino la evasión ante una realidad cotidiana que no nos produce el gol de la autoestima, sino la hiel de la derrota.

miércoles, 7 de julio de 2010

EL SUEÑO INACABADO DE “LA ROJA”

En principio fue la fantasía de un sueño. Dormíamos y en ella representábamos sucesos o imágenes jamás alcanzadas. Los sueños, sueños eran: proyectos, deseos, esperanzas sin probabilidad de realizarse; pero había, latente, un sueño dorado: un anhelo, una ilusión halagüeña de que el sueño fuera realidad. Y recordaba los versos de Benedetti: “Dale vida a tus sueños aunque te llamen loco.”

El sueño es la esencia de la libertad del hombre. Tenemos derecho a soñar y libertad para hacerlo. La hora matutina nos despoja, según Borges, de un don inconcebible, inalcanzable. Los sueños de día se topan con la realidad de los sueños de la noche. La luz apaga los sueños que acuna la oscuridad. El tiempo hiberna los sueños incumplidos. Recordamos los sueños de día más que los de la noche. Los sueños, sueños son…

Había perdido la ilusión de los sueños de día, aquellos de proyectos, a fecha vista, de día anhelados, de sucesos por venir. Apenas recordaba los sueños de noche, hijos de los deseos frustrados de los días. Salía el Sol todos los días, pero no iluminaba sus días que se apagaban en proyectos frustrados. Todos los días permanecía ocioso al Sol indeseado. Esperaba la noche para soñar lo imposible; el día, para anhelar lo posible. La posibilidad de los sueños se trocaba en la imposibilidad del despojo del suceso soñado.

Había soñado con el gol de Zarra a Inglaterra, que no viere; con el gol de cabeza de Marcelino a la URSS cuando era niño; con el de Torres a la selección alemana en la Eurocopa de 2008, que vivió en directo; pero ni el fútbol le abonaba la ilusión del sueño incumplido. Ahora, durante el Mundial de Sudáfrica, veía las banderas en los balcones como jamás había visto; una ilusión colectiva que soñaba con el nombre de la Patria como nunca. El sueño imposible parecía cercano; se acariciaba; no era fantasía. Parecía que la realidad estaba cercana.

Cada español revelaba sus sueños, convertido en seleccionador particular de los hombres que nos representaban. Habíamos llegado demasiado lejos. Las semifinales eran bastantes. Nos conformaríamos otra vez con ser cuartos, como hace sesenta años en Río; pero la marea humana necesitaba hacer realidad sus sueños, ahíta de sueños incumplidos, de anhelos maltrechos, de ilusiones rotas, de días machacados al sol y al frío de las frustraciones diarias.

Y ahora, en Durban, un bravo defensa español, Pujol, marcaba de cabeza el gol ansiado, que daba alas al país. Los ciudadanos gritaban exaltados desde sus vehículos, corrían por las calles como en Pamplona, se bañaban en las fuentes, cantaban, danzaban, pletóricos por una victoria que nos eleva al cielo mundialista del deporte rey.

No ha terminado ahora el sueño inacabado. Falta el domingo, el último partido, para tocar la gloria y alzar la copa de campeones, que no nos hará más libres, pero nos hará ver el cielo con la ilusión de los sueños cumplidos; el sueño que a muchos les dará la autoestima que los predicadores no pueden darles, porque solo el fútbol era su sueño, su gloria inacabada en su fantasía infinita, en su España por una vez venerada en su nombre, empujada en su destino hacia la efímera gloria de un dato para la historia, pero que fue nuestro sueño de un día, la ilusión de un tórrido verano en el que los pulpos profetizaban los sueños inacabados.