martes, 19 de noviembre de 2013

"POR SU MUCHO AMOR A CÁCERES..."


           Recordé ayer a Rafael García-Plata Quirós. Tenía apuntado en la agenda su primer aniversario, un año ya de su ida. Me pregunté, entonces, qué sería de su biblioteca en Cañaveral, quizá fuera del alcance de investigadores y estudiosos de nuestra historia por él recopilada. Su familia proveerá, pensé. Por la tarde, leo la noticia no anunciada: su familia lega su biblioteca al Centro de Documentación de la Diputación, 10.000 volúmenes sobre Extremadura, sobre Cáceres, pasión de su alma, devocionario de su tiempo, meta de su destino.
              Le dediqué un poema al recordado amigo que me firmare un libro sobre su abuelo: Rafael García-Plata de Osma, con calle en Cáceres junto a mi residencia, la de mi primer director, Dionisio Acedo, alma también de Cáceres, que iniciare su actividad profesional en el periódico que dirigiere durante treinta y dos años (1939-1971) desde su fundación misma, hace ahora 90 años, El Periódico Extremadura, Medalla de Oro de la ciudad por su cacereñismo militante. Dioni hablaba con Carmen, su mujer, refiriéndose a mi persona, como "su benjamín", el más joven de sus discípulos.
 
              Pedro de Lorenzo, patriarca hasta su muerte de las letras extremeñas, ocurrida el 20 de septiembre de 2000, había donado a la Diputación, mediante escritura pública, toda su obra, "por su mucho amor a Cáceres". Era la primera legislatura democrática. La recibiere entonces su presidente, Jaime Velázquez. Posteriormente, Manuel Veiga se hizo con el fondo bibliográfico de Zamora Vicente. Ayer, le tocó el turno a Laureano León, que recogía de manos de su viuda y del mayor de sus cinco hijos la Biblioteca Extremeña de Rafael García-Plata Quirós, también "por su mucho amor a Cáceres". Antes, habían seguido sus pasos la familia del gran bibliógrafo extremeño Rodríguez Moñino, con 5.000 volúmenes de los 15.000 de sus fondos para la Biblioteca Pública de Cáceres, desde entonces con su nombre y el de su esposa, María Brey, que repartiere junto a la Academia.
              Vidas paralelas, como las de Plutarco, las de Pedro de Lorenzo y Rafael García-Plata Quirós. Desde la capital venían juntos a Cáceres. El segundo traía al primero y a su esposa, Francisca de la Asunción, en su coche: al hotel de siempre; por nombre, el de la región; a su ciudad de siempre, Cáceres; a empaparse y beberse en ella, a disfrutar de la ciudad nunca perdida y siempre hallada, hasta dejar en ella su tesoro, para otros, "por su mucho amor a Cáceres", como escribiere el primero en la escritura de donación. Pedro de Lorenzo hacía de su elocuencia, poesía viva; Rafael reconvertía su pasión por Cáceres en obras para ella. El 28 de octubre de 2000, Francisca de la Asunción me hizo llegar a Cáceres el libro póstumo del maestro de la oratoria: "Libro de gracias", escrito en "La Quintana" el mismo año, antes del punto final de su vida, "sin dedicatoria, pero con tu afecto de siempre" y con el suyo que me trasladare.
 
              Cuanto más lejos, más vivo es el recuerdo; la pasión resplandece en el reencuentro; entre roce y cariño, el primero provoca el segundo; el cariño provoca el roce. No fenece la pasión encendida en el vínculo de las letras hasta la muerte misma, trascendidas en el legado, que les pervivirá tras la humana luz ya apagada. Roce, cariño, pasión, muerte y resurrección en la vida y obra de escritores, bibliógrafos y recopiladores de la obra escrita, luz de Extremadura, luz de ella resguardada en Cáceres, para más brillo de la ciudad que, en su casco histórico, "condensa el otoño de la Edad Media", como recordare en la sede de la UNESCO, en París, la Ciudad de la Luz, el relator que revelare sus méritos para ser declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad, en 1986; y, tras la declaración, llama el alcalde, Juan Iglesias Marcelo, quien llorare al oír aquellas palabras, y solo pudo hablar con Carmina, su secretaria, y conmigo, a la espera, para darnos la buena nueva, sus concejales presentes en otro acto...
              Caminaba ayer hasta el cementerio para verificar un trabajo sobre compañeros idos     --un propósito de vísperas y un recuerdo perenne-- y, a las puertas mismas de la necrópolis, me encuentro con Saponi, por todo nombre su curial apellido; memoria viva de Cáceres, alma de Cáceres; acrónimo de Cáceres, transliterado del amor y pasión por Cáceres; y a su primer amor cacereño trascendido en su sonrisa encendida, Julia, que le diere sus otros amores cacereños. Anteayer reescribía mis letras sobre Saponi; quizás hasta en tres de mis obras figure su nombre. Iré a buscarle a la plaza que ayer le recordare para entregárselos cuando vieren la luz... Y al volver, nuestra alcaldesa me remite un `Saluda´ que evoca en mí su recuerdo de `chica del Womad´, tanto tiempo sin verla que ni besar pudiere su mano, para más apoyo en su trabajo por Cáceres, recordándome lo inevitable, no por ello olvidado, cuando a ella me presentare una noche de verano, aún de estreno ella como portavoz de la oposición, en el jardín de Pedrilla y le diere mi único beso, ya arrastrado por el viento hasta sabe Dios dónde, Elena de Cáceres..., reina ahora en su ciudad por voluntad de los cacereños, mientras no esté Ella, la otra reina a quien entregare su bastón de mando..., la Montaña misma, patrona de Cáceres.
 

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