Durante finales del siglo XV y comienzos del XVI, Antonio de Nebrija estuvo vinculado a la corte de Juan de Zúñiga y Pimentel, último maestre de la Orden de Alcántara. Nebrija pasó por distintos lugares vinculados a esta corte y residió durante años en Zalamea de la Serena, donde desarrolló una parte importante de su actividad intelectual, según informa Extremestiza.
En este período se sitúa una etapa fundamental de su producción gramatical y lexicográfica. La Gramática de la lengua castellana, publicada en Salamanca el 18 de agosto de 1492, fue la primera gramática impresa de una lengua romance y convirtió el castellano en objeto de una descripción sistemática.
LAS
OBRAS DE NEBRIJA Y SU INFLUENCIA EN AMÉRICA
Pero la influencia de Nebrija no terminó en la Península. Durante el siglo XVI, los religiosos que estudiaron y describieron las lenguas habladas en América recurrieron a la tradición gramatical europea. Las obras gramaticales y lexicográficas de Nebrija se convirtieron en uno de los principales referentes de esta labor, proporcionando categorías y herramientas de análisis que fueron aplicadas a lenguas como el náhuatl, el quechua, el aimara o el chibcha.
Los misioneros tuvieron que adaptar estos modelos a las características propias de cada lengua, muchas de ellas muy diferentes del castellano y del latín. De este proceso surgió la lingüística misionera americana, que produjo algunas de las primeras gramáticas y vocabularios de numerosas lenguas del continente.
Así, una obra vinculada a Zalamea de la Serena terminó dejando su huella en la forma en que se estudiaron y describieron las lenguas de América.
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Fuentes: Antonio de Nebrija:
“Gramática de la lengua castellana” (1492); Víctor F. Acevedo López: “La
presencia de Nebrija en la lingüística misionera española” (2022); Eustaquio
Sánchez Salor: “La segunda edición de las Introductiones
latinae de Nebrija: el ejemplar de don Juan de Zúñiga” (2003).

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